Home_PageBruneauAlfred Bruneau

 (Francia, 1857-1934)







1905 - Lazare -  1º Parte


Messidor (1897 - 19 de febrero)


Biografía:
    Compositor y director de orquesta francés, nacido en París el 3 de marzo de 1857. Hijo de un editor musical, entró en el Conservatorio en 1873, no tardando en temperar sus primeras armas musicales antes del final de la década, a la par que se hacía con algunos premios académicos. Segundo Gran Premio de Roma de 1881 por su cantata ‘Geneviève’, abordó con desiguales resultados la música sinfónica al comienzo de su carrera: una ‘Romanza en Fa para corno y orquesta’ (1882), la ‘Ouverture Héroïque’ (1884), el poema sinfónico ‘Pentesilea’ (1888), donde la sombra de Richard Wagner es alargada, aunque los resultados difícilmente puedan tildarse de wagnerianos. Será en la ópera, no obstante, donde Bruneau obtenga sus logros más destacados, especialmente en sus colaboraciones con el literato Émile Zola -desde 1888 hasta el deceso de éste en 1902-, a la sazón su libretista en ‘Messidor’ (1897), ‘L´Ouragan’ (1901), ‘L´Enfant-Roi’ (1905), lo que hará de Bruneau el compositor francés de ópera naturalista por excelencia, entendiendo el naturalismo como una suerte de trasvase a la escena de las ideas socialistas vertidas por Zola en sus relatos y novelas, y cuyo equivalente coetáneo más reconocible lo encontramos en el verismo de Leoncavallo y Mascagni, así en la ópera italiana: antes que un estilo sonoro definido, pues, se trataría de una serie de argumentos, de temas comunes. Con todo, la ambición política que latía en el fondo de las óperas de Bruneau no garantizó su éxito real -cuyos libretos, en prosa además, violentaban de algún modo la naturaleza lírica de la escena-: tras el aplauso de la crítica, tras las representaciones de rigor sucesivas al estreno, sus trabajos -con la excepción de ‘Messidor’- se fueron sucediendo sin llegar a hacerse un hueco en el repertorio. Su obra maestra, el oratorio ‘Lazare’ (1905), de nuevo con libreto de Zola, quedaría inédito hasta su estreno, veinte años después de la muerte del compositor, en 1954. El ballet ‘Les Bacchantes’ (1912), a partir de Eurípides, no ha corrido mejor suerte. Pese a su afán de modernidad, de candente inmersión en los temas de actualidad que tanto gustaban a Zola, la música de Bruneau ha envejecido abruptamente: carente del aliento épico y la hondura metafísica de Wagner, ajena a las infalibles fórmulas comerciales del ecléctico Massenet -tiempo ha su profesor en el Conservatorio-, sus óperas, como las del mucho más exitoso Gustave Charpentier, se sustentan en las fórmulas más trilladas de la romanza, de los temas sin sustancia, de los rellenos funcionales, careciendo de verdadera vida propia. Alfred Bruneau, que dejó un libro de recuerdos sobre sus relaciones con Zola, falleció en París el 15 de junio de 1934. En 1895 había recibido la Legión de Honor.  © José Antonio Bielsa


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