Home_Page MackendrickAlexander Mackendrick

 (EEUU, 1912-1993)


Films:









1949 - 37 años
Whisky a Go-Gó
T.O.: Whisky Galore
Director: Alexander Mackendrick
Música: Ernest Irving










1951 - 39 años
Hombre del traje blanco, El
T.O.: The Man in the White Suit
Director: Alexander Mackendrick
Música: Benjamin Frankel










1952 - 40 años
Mandy
T.O.: Mandy
Director: Alexander Mackendrick
Música: William Alwyn










1955 - 43 años
Quinteto de la Muerte, El
T.O.: The Ladykillers
Director: Alexander Mackendrick
Música: Tristram Cary
O.M.: Luigi Boccherini









1957 - 45 años
Chantaje en Broadway
T.O.: Sweet Smell of Success
Director: Alexander Mackendrick
Música: Elmer Bernstein










1963 - 51 años
Huida hacia el sur
T.O.: Sammy Going South
Director: Alexander Mackendrick
Música: Tristram Cary










1965 - 53 años
Viento en las velas
T.O.: A High Wind in Jamaica
Director: Alexander Mackendrick
Música: Larry Adler










1967 - 55 años
No hagan olas
T.O.: Don't Make Waves
Director: Alexander Mackendrick
Música: Vic Mizzy




Otros Films:

1954 MAGGIE


Biografía:
    Cineasta y guionista estadounidense, nacido en Boston. Procedente de una familia escocesa, sus padres se trasladarían al poco a Glasgow, donde Mackendrick recibiría su primera educación. El gusto por el dibujo, y unas inquietudes plásticas bien definidas, pronto orientarán su vocación hacia las Bellas Artes. Sus primeros trabajos para el cine se circunscriben al ámbito de la publicidad y, con la II Guerra Mundial, al cine propagandístico. Contratado en 1946 por los estudios Ealing como guionista, recibe sus primeras lecciones prácticas de manos de Basil Dearden. Su debut como director de largometrajes se produce con ‘Whisky Galore!’ (1949). El éxito de ‘El hombre del traje blanco’ (1951) vinculará de manera definitiva su nombre a la productora británica Ealing, especializada en comedias de calidad. La primera obra maestra indiscutible de su filmografía es ‘Mandy’ (1952), drama en torno a los problemas de adaptación en la sociedad de una niña sordomuda, cuya entidad narrativa queda potenciada por una puesta en escena de gran sobriedad y espesura que se implica en el conflicto sin ceder a la sensiblería emocional. Tras ‘The Maggie’ (1954), la más conocida de sus películas es la ingeniosa comedia ‘El quinteto de la muerte’ (1955), cuya sofisticación estructural y fascinante resolución cinematográfica hacen de ella la más lograda de sus comedias Ealing, en la que ya aparece explicitada una de sus temáticas constantes, como es el enfrentamiento entre dos antagonistas de acusada disparidad, en este caso la anciana protagonista y la banda de delincuentes que se instala en su casa con fines inconfesados. El éxito de esta película posibilitará su primer trabajo en Hollywood, ‘Chantaje en Broadway’ (1957), brillante ejercicio de estilo en clave de cine negro y, más concretamente, reflexión sobre el poder y todo cuanto ello implica en un ambiente de corrupción y mediocridad destructivas, como es el mundo del periodismo retratado, en esta ocasión a partir de un guión de Clifford Odets y Ernest Lehman, inspirado en un relato del primero. La década de 1960 está dominada por dos de sus trabajos mayores: ‘Huida hacia el sur’ (1963), adaptación de la novela de W. H. Canaway y, sobre todo, ‘Viento en las velas’ (1965), su penúltimo largometraje, con el que Mackendrick firma la mejor de sus obras: este soberbio film, adaptación de una novela de Richard Hughes, recrea, bajo su reconocible envoltorio de cine de aventuras marinas, uno de los más sórdidos y conseguidos retratos psicológicos de la infancia, y lo hace a través del choque entre niños y piratas: secuestrados los primeros por los segundos, y encerrados ambos en un espacio mínimo –el barco–, el film ilustra una sucesión de hechos progresivamente turbios en los que la animalidad y amoralidad de los niños terminará por apoderarse de la situación, imponiéndose a los piratas e invirtiéndose así los roles prototípicos. El fracaso comercial de esta extraordinaria película, y las progresivas dificultades de un Hollywood que comenzaba a anteponer sin condición la industria a la expresión creadora –y así al film de autor del que Alexander Mackendrick es indudable exponente–, pondrían fin a una carrera que se cerraría dos años después con la comedia ‘No hagan olas’ (1967). Sus años postreros los dedicaría a la docencia.  © José Antonio Bielsa


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