Home_Page MélièsGeorges Méliès

 (Francia, 1861-1938)


Films:
1896 - UN PETIT DIABLE
1896 - UNE PARTIE DE CARTES
1896 - UNE NUIT TERRIBLE
1896 - LE MANOIR DU DIABLE
1897 - EL GABINETE DE MEFISTÓFELES
1898 - UN HOMME DE TÊTE
1898 - EL SUEÑO DE UN ASTRÓNOMO
1899 - JUANA DE ARCO
1899 - CRISTO CAMINANDO SOBRE LAS AGUAS
1899 - CLEOPATRA
1899 - EL CASO DREYFUSS
1900 - EL HOMBRE ORQUESTA
1901 - CAPERUCITA ROJA
1901 - EXCELSIOR!
1901 - EL HOMBRE CON LA CABEZA DE GOMA
1901 - LE TEMPLE DE LA MAGIE
1902 - VIAJE A LA LUNA
1903 - EL MELÓMANO
1904 - EL JUDÍO ERRANTE
1904 - ILUSIONISMO
1904 - LAS BARBAS INDÓMITAS
1904 - VIAJE A TRAVÉS DE LO IMPOSIBLE
1905 - EL DIABLO NEGRO
1905 - EL PALACIO DE LAS MIL Y UNA NOCHES
1906 - LAS CUATROCIENTAS FARSAS DEL DIABLO
1907 - EL ECLIPSE
1907 - LA ADVERTENCIA DEL GITANO
1910 - EL SECRETO DEL DOCTOR
1911 - LAS ALUCINACIONES DEL BARÓN DE MUNCHAUSEN
1912 - A LA CONQUISTA DEL POLO


Biografía:
    Cineasta, actor, dibujante e ilusionista francés, uno de los más relevantes pioneros del arte cinematográfico. Nacido en París, Méliès, especialmente dotado para el dibujo, forjó su vocación teatral prontamente, llegando a ser director del Teatro Houdin. El cinematógrafo no fue en principio sino una posibilidad de cara a ampliar sus recursos teatrales. Sus primeras experiencias fílmicas carecen de particular interés, tratándose de copias de los ensayos previamente realizados por Edison o los Hermanos Lumière sobre asuntos de actualidad o ficciones elementales. La determinación de construir en 1897 unos estudios en su finca de Montreuil marcará el comienzo, por lo demás efímero, de su época de esplendor, dominada por la utilización de novedosos trucos y argumentos progresivamente volcados a la fantasía o la ciencia ficción. De sus más de quinientos filmes, perdidos en su gran mayoría, el más característico de todos ellos es ‘Viaje a la luna’ (1902), muy representativo de su no-estilo, y cuyo sentido de la puesta en escena, esencialmente teatral, tiene todos y cada uno de los “defectos” o cualidades de este cinema incipiente: planos generales fijos -la cámara pasa a ocupar el lugar del espectador en la butaca del teatro-; solapamiento temporal -repetición del mismo suceso entre el final y el comienzo de dos planos distintos-; o nula utilización del montaje como elemento narrativo-diferenciador, esto es tratando los posibles y así múltiples puntos de vista más allá de la mera sucesión de escenas. Cualidades fílmicas, en efecto, que impiden hablar de puesta en escena cinematográfica propiamente dicha, tratándose más bien de la trasposición mimética de los recursos teatrales al cine en manos de un primitivo. Sea como fuere, Méliès no evolucionó más allá de estos planteamientos, y su envoltura formal pronto quedó obsoleta; a este estancamiento creativo se sumó cierta penuria económica que le llevaría a la bancarrota en sus años postreros. Su última experiencia cinematográfica tendría lugar en 1913. La importancia de Méliès reside no tanto en sus aportaciones al lenguaje cinematográfico, escasas e intuitivas, como en su visionaria utilización del cinema como espectáculo, inyectando a sus trabajos un impulso narrativo antes inusitado. Reivindicado por los surrealistas, ensalzado unánimemente como uno de los maestros del Séptimo Arte, Méliès otorgó al cine su fascinante poder de ensoñación a través de una concepción del trabajo artesanal, casi casera; de aquí su inconfundible sello, su infantil ingenuidad, pero sobre todo su entidad artística, vigente al menos en sus más memorables logros, en sus más imperecederas imágenes.  © José Antonio Bielsa


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