Home_PageCapmanyRamón Capmany Montaner

 (España, 1899-1992)















1920 - 21 años
Tenista
Óleo sobre lienzo.
Museu de Valls















1950 - 51 años
Tiovivo
Papel pegado sobre tela.
Colección particular
160 x 120 cm.














1960 - 61 años
Cadaqués
Óleo sobre lienzo.
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid
50 x 61,5 cm.














1975 - 76 años
Calle de Barcelona
Óleo sobre lienzo.
Colección particular




Biografía:
    Pintor, dibujante y grabador español nacido en Canet de Mar, Barcelona. Nació en el seno de una familia noble; por línea materna fue descendiente del primer conde de la Vall de Canet, fundador de la famosa editorial Montaner i Simó, una de las más importantes del país e introductora de los grabados de Gustave Doré en España. Su tío, el arquitecto modernista Lluís Doménech i Montaner, le apoyó en su decisión de dedicarse a la pintura. Fue discípulo del profesor y pintor Francesc Labarta, primero en La Llotja y después en la escuela del Districto V. En este entorno entró a formar parte del grupo Els Evolucionistes, inconformistas con el Noucentisme idealista, y que más tarde se fusionaron con el grupo Les Arts i els Artistas. Sus primeros óleos muestran influencias de Eugène Boudin, maestro de Monet, cuya obra conoció en sus largas estancias en París. Allí pintó entre 1918 y 1922, 1924 y 1925 sobre todo paisajes urbanos con influencias de la pintura impresionista. También aprovechó para asistir a clases de dibujo en la academia La Grand Chaumerie. Su pasión por el circo le llevó a pintar uno de los primeros óleos conocidos de su etapa parisina, Figuras (1919). En 1921 tuvo la oportunidad de exponer su obra de forma individual en la Galería Dalmau. Las creaciones de estos años muestran una cierta influencia del constructivismo cezanniano. En 1925 se premió su participación en la Travelling Exhibition de Nueva York. Tras numerosas exposiciones, recibió la Medalla de Oro del Círculo Artístico, en la exposición Barcelona vista por sus artistas, en 1931. Capmany pintó el cuadro de mayores dimensiones de su trayectoria. Titulado La muerte del monaguillo, estaba inspirado en un poema de Verdaguer, y a nivel formal pueden destacarse ciertas influencias del Greco y Gustave Courbet. A finales de 1933 realizó el decorado para El amor brujo de Falla, en el Gran Teatre del Liceu, una escenografía que recibió el aplauso unánime de la crítica. Tras el paréntesis de la Guerra Civil, instaló en la Editorial Montaner i Simó un taller de calcografía y trabajó como director artístico de la editorial. Su labor dio un fuerte impulso a la bibliofilia y supuso también un marco único de aprendizaje para otros artistas, como Jaume Pla, Jaume Coscolla y Enric Tormo. Inició la colección “Hora”, y entre los numerosos libros ilustrados por él destaca, en 1948, Sempiternae Voces, con texto e ilustraciones del pintor. Continuó pintando, sobre todo paisajes, aunque cambiaron los escenarios. Dejó sus recuerdos de Canet de Mar, con unas atmósferas pintadas que recuerdan a las de Corot, para centrarse en los paisajes del Montseny. La minuciosidad con la que pintó los árboles, la ciudad, las viejas calles de Barcelona, así como los temas de circo, fueron igualmente protagonistas de su obra, repetidamente expuesta y aplaudida en la Sala Parés.  © RAH



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