La música del mundo (fragmento)Andrés Ibáñez

La música del mundo (fragmento)

"La escalera de Cartago vivía en un feliz abandono de los jardineros del parque, era la república de las flores indeseables, de los insectos, de la humedad y de las plantas espurias... al principio y al final de cada tramo de escaleras, los cuervos de piedra parecían enormes aves petrificadas: volverían a la vida cuando la naturaleza hubiera terminado su obra y las escaleras de Cartago fueran sólo rocas, liquen, guaridas de animales salvajes, levantarían el vuelo... no había dos iguales: uno, con las alas entreabiertas, parecía a punto de saltar a los aires, otro se inclinaba hacia el suelo como para atrapar algo con el pico, un tercero dormía con los ojos cerrados... Jaime y Estrella no sabían qué significaban estos pájaros —si es que significaban algo... los zigzagueantes tramos de escalera volvían a reunirse más abajo en una gran terraza similar a la de la fuente de los leones; en el lugar donde en la terraza superior estaba la fuente de los leones, había aquí un espectacular bajorrelieve que representaba a Laocoonte... se acercaron allí, contemplaron la piedra amarillenta, los gestos de dolor, las doradas musculaturas; a la altura de las águilas y de las palomas salvajes, Laocoonte y sus hijos morían silenciosamente bajo las luces del mediodía persa... el dedo de Estrella recorría un lomo de escamas, una pierna con los músculos hinchados, una dura rodilla; la cesta quedó en el suelo, y ellos hablaban de nuevo de las pasadas edades del mundo, del miedo, de los sagrados misterios... la belleza de los cuerpos flotaba por encima de ellos, la belleza de la guerra; los hombres y los animales se entrelazaban en rictus de dolor; tres dedos de Estrella recorrían las ingles, el vello encrespado, los genitales, luego los redondeados muslos...
siguieron bajando, los misteriosos cuervos de piedra seguían presidiendo las balaustradas, unos miraban hacia un lado y otros hacia otro, unos entreabrían las alas, otros hundían el pico por debajo de una ala levantada... en uno de los rellanos, medio apoyado en la unión de la balaustrada con la pared, sobre el mármol jaspeado de azul, encontraron un trabajado montículo de paja que era, según Jaime, un antiguo nido de águila; al parecer, durante la dictadura, el parque había estado varios años cerrado, y los animales y las plantas se habían apoderado de él completamente: las tribus habían empezado a cazar a los leones, los monos habían invadido y casi destruido el Palacio de Cristal, los elefantes de Lamberto empezaron a perder el don de la palabra. "



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