La tiranía en el Paraguay (fragmento)Cecilio Báez

La tiranía en el Paraguay (fragmento)

"Y todo ello porque se olvide el presente y se descuide el porvenir.
Ese evidente afán de eclipsar la verdad y pintar de subidos colores el pasado, importa un doble fin: distraer y desorientar las miradas de las cosas actuales, o sea acallar todo conato de patriotismo que pueda turbar el blando sueño de los Grandes y labrar y tallar y pulir con pertinacia piedras sacadas de la cantera nacional para la erección de un monumento a los tiranos, a los que retrasaron durante todo el siglo XIX el progreso del Paraguay, a los que educaron con toda perfidia y mala fe en la escuela negra de la servidumbre.
Algunos sueñan con estatuas» de refinados tiranos, adornando las plazas públicas, como símbolo de la gratitud y reconocimiento de la nación, a los mismos que la quemaron crucificada. ¡¡Que esperen!!
Y a esos dos fines se endereza una sutil y envenenada propaganda. Hasta se procura monopolizar cuantas manifestaciones de la individual actividad, inclusive la libre emisión del pensamiento (no otro medio emplean los tiranos para amortiguar la expresión de todos los sentimientos humanos que no estuvieren de acuerdo con su exclusivo pensar e idéntico sentir).
La juventud, con fundada desconfianza, debe mirar una misión usurpada.
Ella no puede aceptar que cualquiera sea el intérprete de sus quereres y de sus sentires. ¿Acaso se le ofrecen títulos saneados?
Enhorabuena que se sirva con escrupulosa fidelidad a los que tienen potestad de ordenar, pero ¡por Dios! no se invoque el nombre santo de la juventud paraguaya, que se empañará.
Por el contrario, vemos en vos, doctor Báez, al maestro de verdad, al amigo sincero, al modelo de carácter, de entereza y de virtudes republicanas, al talento brillante y sólido, puesto desinteresadamente al servicio del bien.
No sois vos, por cierto, quien con el estudiado propósito de engañar al pueblo y atraerse sus simpatías le ocultáis sus vicios y le multiplicáis sus virtudes.
Lo que sí, le sacudís con dureza su piel curtida por secular tiranía.
Rechazad con superior desdén las gotas de agua infestada que se os arrojan en el camino.
Proseguid airoso en la senda que vais abriendo: poned de un lado las ofensas que brotan de fuente cuasi agotada, y de otro, las torpes amenazas con que se os quieren sellar los labios. ¡Ni de viles anónimos estáis exento!
Sí, doctor; no os curéis, ni mucho ni poco, del desenfado de unos, de las osadías de otros y de los infantiles aspavientos de quienes constituyen en el país abrumadora minoría.
Tened la convicción de que quienes se contentan con el honor, sin correr tras el medro y los dorados honores fáciles que a manos llenas derrama el poder, os acompañan con el corazón, el pensamiento y la voluntad. "



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