Percy Wallingford and Mr. Pidger (fragmento)Lord Berners

Percy Wallingford and Mr. Pidger (fragmento)

"La agitación anímica que padecía devenía verbalmente en una incisiva conflagración verbal que amenazaba con lacerar el cerebro de sus interlocutores, de forma que tras un lapso éstos sentían el continuo y abrasador devaneo de una pianola o un rallador de nuez moscada. Su mera presencia impedía absolutamente concentrarse o recurrir a cualquier vestigio de pensamiento. A menudo vociferaba durante horas y horas desde un extremo a otro de la casa, estando plenamente convencido de que todo el mundo debía escucharle. Perturbaba la paz del lar del mismo modo que un dictador moderno arrasaría la faz de Europa.
A pesar de ser plenamente consciente, se las componía para, presa de pura maldad, dar la impresión contraria, especialmente en las casas de otras personas. Se encaminaba hasta una cortina o la pata de una mesa y olisqueaba, desaparecía tras un sofá o se sentaba en cuclillas de una manera muy equívoca.
Nadie podría acusarle de cobardía. Se mostraba, en su estrechez, tan furibundo como un tigre, tan valiente como un león y era capaz de morder a la gente o golpear a los perros a la menor provocación. Sus mordeduras, como Millicent subrayó con tanta frecuencia, eran relativamente indoloras. Sólo lo hacía por diversión, matizaba ella, sorprendiéndose de que esto no aumentara su afecto hacia él.
Carecía de restricciones tanto en el amor como en la inquina y la forma ostensible en que hacía patentes ambos resultaba un tanto embarazosa. Estas manifestaciones no se limitaban únicamente a la especie canina sino que también los visitantes un tanto tímidos a menudo quedaban desconcertados por sus atenciones.
A pesar incluso de todos estos inconvenientes, Mr. Pidger, en opinión de la señorita Millicent, representaba la encarnación de todas las virtudes humanas y caninas, don al que ella había decidido consagrar su vida, y en la medida que fuera posible, la vida de los demás. "



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