Rei Militaris (fragmento) Vegecio

Rei Militaris (fragmento)

"Pero los campamentos permanentes, tanto en verano como en invierno, en proximidad del enemigo, son fortificados con mayor cuidado y regularidad. Una vez que se señala el terreno por los oficiales competentes, se asigna a cada centuria una porción para atrincherar. Alinean entonces sus escudos y equipajes en un círculo en torno a sus propias insignias y, sin otras armas que sus espadas, abren una trinchera de nueve, once o trece pies de ancho. O, si están bajo gran acecho del enemigo, la ensanchan hasta diecisiete o diecinueve pies (es una regla general usar números impares). En el interior construyen un terraplén con haces o manojos de árboles bien asegurados con estacas, para que la tierra se aguante mejor. Sobre este terraplén elevan un parapeto almenado como en las fortificaciones de una ciudad. Los centuriones miden el trabajo con varas de diez pies de largo y comprueban que cada uno haya terminado la porción que se le asignó. Así mismo, los tribunos supervisarán el trabajo y no abandonarán el lugar hasta que no se haya terminado en su totalidad. Y para que los trabajadores no sean interrumpidos repentinamente por el enemigo, toda la caballería y parte de la infantería exentas, por el privilegio de su rango de tales trabajos, permanecerán en orden de batalla ante el atrincheramiento, listos para rechazar cualquier ataque.
Lo primero que hay que hacer tras atrincherar el campamento es plantar las insignias, llevadas por los soldados con la mayor veneración y respeto a sus lugares adecuados. Tras ello, el pretorio se prepara para el general y sus lugartenientes, y las tiendas dispuestas para los tribunos, quienes tienen soldados particularmente destinados a tal servicio y para buscar su agua, madera y forraje. Entonces las legiones y auxiliares, caballería e infantería, se distribuyen por el terreno para plantar sus tiendas de acuerdo con la clase de los distintos cuerpos. Cuatro infantes de cada centuria y cuatro soldados de cada tropa se designan para montar guardia cada noche. Como parece imposible que un centinela permanezca toda la noche en su puesto, las guardias se dividían en cuatro partes con un reloj de agua, para que cada soldado permanezca sólo tres horas. Todas las guardias se montaban con el sonido de una tuba y cambiadas con el del cornu. Los tribunos designarán hombres adecuados y de confianza para visitar los distintos puestos de guardia e informarles de cuanto no encuentren adecuado. Este es ahora un oficio militar y a las personas destinadas para ello se les llama circitores.
La caballería hace rondas por la noche y vigila los puestos exteriores por el día. Son relevados cada mañana y cada tarde por la fatiga de hombres y caballos. Es incumbencia, particularmente, del general mirar por la protección de los pastos y de las caravanas con grano y otras provisiones, tanto en campo abierto como en guarnición, y asegurar la madera, agua y forrajes contra las incursiones del enemigo. Esto sólo se puede hacer situando destacamentos ventajosamente en las cimas o torreones por donde la caravana avanza. Y si no se encuentran antiguas fortificaciones, se deben construir, en sitios a propósito, castillos, diminutivo del nombre castra, rodeados con anchos fosos, para alojar destacamentos de caballería e infantería y que las caravanas tengan la adecuada protección. Pues un enemigo difícilmente se aventura en un territorio donde sabe que las tropas enemigas están dispuestas para enfrentarse a él donde quiera que sea. "



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