La raspa mágica (fragmento)Charles Dickens

La raspa mágica (fragmento)

"La princesa Alicia, que se encontraba en el umbral porque quería consultarle acerca del desayuno, se sintió muy alarmada al ver a su real madre en aquel estado e hizo sonar la campanilla para llamar a Peggy, que era el nombre de su chambelán. Pero recordó dónde estaba el frasco de las sales, se subió a una silla y lo cogió; después se subió a otra silla junto a la cama y mantuvo el frasco de las sales pegado a la nariz de la reina; luego se bajó y cogió un
poco de agua; y después se subió otra vez y humedeció la frente de la reina.
Resumiendo: cuando el chambelán llegó, la buena de la mujer le dijo a la princesita:
—¡Mira que eres inquieta! ¡Ni yo lo habría hecho mejor!
Pero la enfermedad de la buena reina no acabó así. ¡Oh, no! Estuvo muy enferma, y durante mucho tiempo. La princesa Alicia mantenía callados a los diecisiete príncipes y princesas, vestía, desvestía y mecía al bebé, ponía el agua
a hervir en la tetera, calentaba la sopa, deshollinaba la chimenea, preparaba la medicina, cuidaba de la reina y hacía
todo cuanto era capaz de hacer, por eso estaba muy, muy, pero que muy ocupada; y es que en aquel palacio no había demasiados criados por tres motivos: porque el rey andaba corto de dinero, porque el aumento de sueldo nunca llegaba, y porque faltaba tanto para el día de cobro trimestral que casi parecía tan alejado y tan pequeño como una estrella.
Pero, la mañana en que la reina se desmayó, ¿dónde estaba la raspa mágica? ¡Pues estaba en el bolsillo de la princesa Alicia! Casi la había sacado para devolverle la salud a la reina, pero la dejó en su sitio y fue a buscar el frasco de las sales.
En cuanto la reina se recuperó de su desvanecimiento y se durmió, la princesa Alicia corrió escaleras arriba para contarle un secreto especial a su amiga más especial y más querida, que era duquesa. La gente creía que era una muñeca, pero en realidad era duquesa, aunque nadie lo sabía, sólo Alicia.
Aquel secreto tan especial era sobre la raspa mágica, cuya historia la duquesa conocía bien porque Alicia se lo contaba todo. La princesa se arrodilló junto a la cama que ocupaba la duquesa, vestida de punta en blanco y totalmente despierta, y le susurró el secreto. La duquesa sonrió y asintió. Es posible que la gente crea que nunca sonreía ni movía la cabeza, pero lo hacía a menudo, aunque nadie lo sabía, sólo Alicia.
Luego la princesa Alicia bajó de nuevo para hacer guardia en la habitación de la reina. Solía hacerlo ella sola, pero por las noches el rey la acompañaba. Y todas las noches el rey la miraba enfadado, preguntándose por qué la niña nunca sacaba la raspa mágica. Tan pronto se daba cuenta, Alicia corría escaleras arriba, volvía a susurrarle el secreto a la duquesa y, además, le decía: “¡Los mayores creen que los niños nunca
tenemos motivos o razones para hacer las cosas!”. Y la duquesa —aunque era la duquesa más elegante del mundo— le guiñaba un ojo. "



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