El lobo de mar (fragmento)Jack London

El lobo de mar (fragmento)

"Mi intimidad con Wolf Larsen va en aumento, si es que pueden llamarse así las relaciones que existen entre patrón y marinero, y mejor aún entre rey y bufón. Para él no soy más que un juguete. Mi ocupación es entretenerle, y mientras le entretengo, todo va bien, pero en cuanto empieza a aburrirse o tiene uno de esos ratos de humor negro, quedo en seguida relegado des-de la mesa de la cabina a la cocina, y al mismo tiempo puedo llamarme dichoso si escapo con vida y el cuerpo intacto.
El aislamiento de este hombre se va apoderando lentamente de mí. No hay un solo individuo a bordo que no le odie o le tema, ni hay ninguno a quien él no desprecie. Parece consumirse con la tremenda fuerza que reside en él y que no parece haber encontrado nunca adecuada expresión en los obras. Le pasa lo que probablemente le ocurriría a Lucifer si este ángel rebelde estuviese confinado en una sociedad de espíritus mezquinos a lo Tomlinson.
Este aislamiento, que es ya bastante malo en sí, está agravado por la melancolía original de la raza. Conociéndole a él, analizo los viejos mitos escandinavos con una expresión más clara. Los salvajes de blanca epidermis y cabellera dorada que crearon aquel terrible panteón eran de su misma fibra. La frivolidad de los alegres latinos le es desconocida. Su risa tiene visos de ferocidad; pero se ríe muy raras veces porque está triste con demasiada frecuencia. Su tristeza es tan profunda como los orígenes de la raza- Es la herencia de la raza, la tristeza que hace a la raza poco imaginativa, puritana y moral hasta el fanatismo, y que en su último entronque ha culminado en la Iglesia reformada inglesa y míster Grundy.
Hay que señalar el hecho de que la principal manifestación de esta melancolía original ha sido la religión en sus formas más desgarradoras; pero a Wolf Larsen le son negadas las compensaciones de una religión así- Su materialismo brutal no lo permite, de tal suerte, que cuando le acometen esos momentos negros no le queda más remedio que ser diabólico- Si no fuese un hombre tan terrible, algunas veces le compadecería, como por ejemplo hace tres semanas, cuando entré en su camarote para llenar la botella de agua y me hallé de pronto con él. No me vio- Tenía la cara oculta entre las manos y movía los hombros convulsivamente, como agitados por los sollozos. Parecía atormentado por un dolor muy grande- Al alejarme sin hacer ruido, oí cómo gemía: "¡Dios, Dios, Dios!"- No es que implorara a Dios, empleaba únicamente esta palabra como expletivo, pero le salía del alma. "



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