Literatura nacional (fragmento)Guillermo Prieto

Literatura nacional (fragmento)

"Los cuadros de costumbres eran difíciles, porque no había costumbres verdaderamente nacionales, porque el escritor no tenía pueblo, porque sólo podía bosquejar retratos que no interesasen sino a reducido número de personas.
¿Cómo encontrar simpatías describiendo el estado miserable del indio supersticioso, su ignorancia y su modo de vivir abyecto y bárbaro?
Nosotros, causa de sus males, nos avergonzamos de su presencia, creemos que su miseria nos acusa y degrada frente al extranjero; sus regocijos los vemos con horror, y su brutal embriaguez nos produce hastío…
El resto de las costumbres españolas también lo ocultamos con vergüenza, mientras el anciano venerable de una familia representa al célebre «castellano viejo» de Fígaro, el niño mimado de la casa es un lion parisiense almibarado e ignorante, cuyo delicado tímpano, acostumbrado a oír mentar los boulevards y los Champs Elisées, se heriría a los nuestros de Ixtacalco y Santa Anita. Ésta es la causa de la rechifla en contra de los que conociendo la noble misión de formar una literatura nacional, se hayan referido en sus composiciones a los objetos que tenían ante los ojos.
¿Quién no llama ordinario y de mal tono al poeta que quisiese brindar a su amada, pulque, en vez del néctar de Lico? ¿Quién no se horripila con la pintura de una china, a la vez que aplaude ciego a la manola española, y recorre con placer los cuadros espantosos de Sue, refiriéndose a aquella familia nauseabunda de Bras Rouge y de la Chouett? ¿Será culpa de los escritores hallar en una mesa el pulque junto al champagne, y en un festín el mole de guajolote al lado del suculento rosbeef? ¿Será su culpa, que en vez de «La Marsellesa», de: «Dios salve al rey», y de todos esos himnos que formulan el regocijo o la plegaria solemne de un pueblo, no tengamos verdaderamente nuestro más que el alegrísimo jarabe? La vergüenza es para nuestros gobiernos, que aún no saben formar un pueblo; para muchos de nuestros hombres, que desdeñan pertenecer a su pueblo; el escritor cumple, porque mientras más repugnante aparezca su cuadro, será más benéfica la lección que encierre.
Esos críticos espantadizos y nimios que ven la superficie de las cosas, que lloran de rabia contra el escritor que habla en Santa Anita, de juiles y canoas, porque no ve ni sardinas ni góndolas, que no puede hacer que sus actores sean Rugieros ni Pietros, porque son y se llaman, Juan Antonio o Pedro José; ésos fulminan sus rayos contra el escritor de costumbres, y le agobian con sus insolentes sarcasmos.
Hay otro inconveniente: el número de las personas que en México lee es reducido, las costumbres comunes a ciertas personas se conoce al momento, y la poca frecuencia de leerse estos escritos, hace que se crean llenos de alusiones personales.
Ésta sin duda es la causa de que los hombres dotados de más elevado ingenio hayan sobresalido, o en las ciencias en el siglo pasado, o en la poesía religiosa; y que ni los artistas, ni los sabios, presenten nada verdaderamente nacional.
Este juicio público extraviado ha hecho que la literatura dramática haya sido nula, porque poetas como Alarcón y Gorostiza, más pertenecen a España que a nosotros. Soria buscaba sus asuntos en la historia y las vidas de los santos, y Calderón revolvía las crónicas extranjeras para poner en escena sus generosos paladines. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com