El día de Hitler (fragmento)Elmore Leonard

El día de Hitler (fragmento)

"Bohdan se tapó la boca con la palma de la mano. Walter puso muy mala cara. Como cuando le comunicó a Jurgen que iba a trasladarlo a casa de Vera para poder concentrarse en lo que se proponía hacer por el Führer. Y siguió poniendo mala cara cuando reconoció que sí, que Carl Webster había ido a verlo y había mentido al decir que a Jurgen y a Otto los habían detenido y estaban otra vez en el campo de prisioneros. Jurgen le preguntó por qué habría mentido y Walter dijo: «Para pillarte. Para que digas: “No, estamos libres”». Jurgen sabía que Carl se acercaba a grandes zancadas con sus botas de cowboy. Recordó que Carl le había dicho: «Me gusta oírme mientras camino». Carl siempre lograba sorprenderlo. Jurgen no había tenido muchas ocasiones de hablar con él, no había podido disfrutar de la compañía de aquel agente de la ley de Oklahoma convencido de que Will Rogers era el hombre más grande que había habido en Estados Unidos, porque era el más patriota. Dijo que Rogers era muy divertido y siempre daba en el blanco cuando se metía con el gobierno. Y además era un cowboy. Carl le había dicho: «Cuando lo ves manejar ese lazo de treinta metros y ves las virguerías que hace con él, cómo lo lanza a donde se le diga, sin que se le enrede nunca, te das cuenta de que es auténtico». Jurgen pensó que si volvía a ver a Carl Webster, aunque éste le pusiera unas esposas, le preguntaría qué había que hacer para ser un cowboy.
[...]
Continuaron un rato en silencio. Aubrey se recostó en el asiento y cerró los ojos mientras atravesaban el centro, dejaban atrás J. L. Hudson’s y Sam’s Cut Rate y cruzaban la plaza del Campus Martius, frente al Ayuntamiento. Pasaron por los jardines de la Emperatriz y los locales de striptease de la Avenida, y giraron a la izquierda en Jefferson, camino del puente que cruzaba hasta Belle Isle, en el centro del río, con sus parques, sus campos de béisbol, sus mesas de picnic, un zoo, centros hípicos, canoas para remar en el lago, y el río para nadar en verano. Bo no veía ninguna razón para ir hasta Farmington, que estaba a más de una hora de casa de Vera, cuando podía arrojar a Aubrey al río Detroit, la fosa común de cientos de almas en los tiempos de la Ley Seca, cuando los contrabandistas pasaban el whisky desde Canadá y eran atacados por esa banda de asesinos, la Banda Púrpura, si es que la policía no los pillaba primero. Detroit era una ciudad dura y acostumbrada a la violencia. Dos años antes, en 1943, tiraron al río a un marinero negro desde el puente de Belle Isle, y los disturbios raciales duraron varios días: se destruyeron edificios, se volcaron coches, intervino el ejército… Arrojaría a Aubrey al río, daría la vuelta y tomaría Woodward esta vez en dirección norte, hasta la casa de estilo inglés del doctor Taylor en Palmer Woods, justo en la entrada de Seven Mile Road en Wellesley. No le había dicho a Vera que tenía intención de visitar al doctor esa noche. Pero ¿por qué no, ya puestos? Iba pensando: «Sería maravilloso que Taylor estuviese aquí, para caer desde el puente con Aubrey». "



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