El mundo deslumbrante (fragmento)Siri Hustvedt

El mundo deslumbrante (fragmento)

"Mucho tiempo después me vino a la cabeza la frase de mi madre y tuve la escalofriante sensación de que tenía razón. Para entonces yo ya era adulta y había tenido que enfrentarme a mi ración de menosprecio y prejuicio respecto a mi propia obra. Yo creía que mi madre había utilizado aquellos hombres como fachada para demostrar algo, y lo demostró, por lo menos en parte, pero cuando leí sus diarios y el fragmento de sus memorias me di cuenta de lo complicada que había sido su relación con ellos y que las máscaras eran también verdaderas. Se la ha malinterpretado mucho. Mi madre no era una malvada calculadora que explotaba a la gente a diestro y siniestro. No creo que nadie sepa realmente cuándo empezó con la idea de los seudónimos. Publicó un denso artículo de crítica de arte en una revista de la década de los ochenta, bajo el nombre de Roger Raison, en el que atacaba las ideas de Baudrillard, tan en boga en aquel momento, echando por tierra su teoría de los simulacros, pero muy pocos le prestaron atención. Recuerdo una vez que viajamos con nuestros padres a Lisboa, yo tenía quince años y mi madre se acercó a la estatua de Pessoa y la besó. Después me dijo que tenía que leerlo, y, por supuesto, Pessoa era famoso por lo que él llamaba sus heterónimos. Kierkegaard también fue una gran influencia en mi madre. Sin duda ese deseo de ser otras personas se remonta a su niñez. La mejor amiga de mi madre, Rachel Briefman, es psiquiatra y psicoanalista. Es probable que tenga razón cuando afirma que la psicoterapia hizo aflorar a una Harriet Burden que ninguno de nosotros habíamos conocido antes, así como otras personalidades o personajes que había mantenido ocultos en su interior durante largo tiempo. No estoy diciendo que sea un caso de personalidad múltiple, más bien creo que se asemeja a los diferentes yoes del artista proteico que, al manifestarse, necesitan un cuerpo que les dé forma. Hasta hace un año yo nunca podría haber hablado de nada de esto, pero poco a poco he logrado ver a mi madre bajo un prisma diferente o, mejor dicho, bajo varios prismas diferentes.
Aunque me ha llevado mi tiempo. La primera vez que vi Sueño conmemorativo no estaba preparada para ello. Me impactó sobremanera. Un domingo llevé a mi hija, Aven, a almorzar a Red Hook. Oscar, mi marido, no vino con nosotras. No recuerdo por qué. Probablemente tendría que escribir un informe sobre alguno de los chicos con los que trabaja. (Tiene un doctorado en psicología y, aunque pasa consulta privada, también atiende dentro del sistema social a niños adoptados, trabajo por el que no recibe prácticamente ninguna remuneración.) No sé si mi madre tendría a algún sin techo viviendo en su casa en aquel momento, pero yo no vi a nadie. Aven estaba empezando a caminar, así que debía de ser la primavera de 1996, y tuvimos un almuerzo de lo más ajetreado porque mi hija se pasó todo el tiempo dando unos pasos y cayéndose, levantándose para volver a dar otros pocos pasos y caerse otra vez. Mi madre aplaudía y reía y Aven estaba encantada, luciéndose más y más hasta que, ya exhausta, se puso a lloriquear y la acosté a dormir en un sofá rodeada de cojines para que no se cayese. Mi madre tenía muchos cojines de todos los colores, brillantes y apagados. Solía hablar de los colores y de sus significados. Decía que los colores tienen un significado corpóreo. Que el color ya está en nosotros antes de que aprendamos su nombre. "



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