Un nuevo modelo del universo (fragmento)Piotr Uspenski

Un nuevo modelo del universo (fragmento)

"Una buena cantidad de malévolos pensamientos se me ocurren sobre la Conferencia de la Haya, pero me convenzo de que ninguno de ellos puede ponerse en letras de molde. La idea de la Conferencia de la Haya viene de muy altas esferas y, si alguien va a escribir sobre ella, debe hacerlo con simpatía, especialmente porque hasta nuestros periódicos —que generalmente son los más desconfiados y sarcásticos de todo lo que viene del gobierno— desaprueban solo la actitud de Alemania hacia la Conferencia. El editor nunca pasaría, pues, lo que yo pudiera escribir si digo lo que pienso. Y si por algún milagro lo aceptara, nunca lo leería nadie. El periódico sería decomisado en las calles por la policía, y tanto el editor como yo tendríamos que hacer un largo viaje. Esta perspectiva no me atrae lo más mínimo. ¿De qué sirve tratar de desenmascarar las mentiras, si a la gente le gustan y vive en ellas? Eso es cosa de ellos. Pero yo estoy cansado de la falsedad. Hay suficientes mentiras sin las mías.
Más aquí, en estos libros, hay un extraño sabor de verdad. Lo siento con especial fuerza ahora, porque por tan largo tiempo me he guardado dentro de los límites artificiales del «materialismo»; me he negado todos los sueños sobre cosas que pudieran salirse de ellos. He estado viviendo dentro de un mundo disecado y esterilizado, con un número infinito de tabúes impuestos a mi pensamiento. Y de repente estos extraños libros echaron abajo las paredes que me rodeaban, y me hicieron pensar y soñar en cosas sobre las que por mucho tiempo había temido pensar y soñar. Repentinamente empecé a encontrar un extraño significado en viejos cuentos de hadas; bosques, ríos, montañas, se convirtieron en seres animados; una vida misteriosa llenó la noche; con nuevos intereses y nuevas esperanzas principié a soñar otra vez de lejanos viajes, y recordé muchas cosas extraordinarias que había oído acerca de antiguos monasterios. Ideas y sentimientos que habían dejado hacía mucho tiempo de interesarme, de repente cobraron significado e interés. Un profundo sentido y muchas alegorías sutiles nacieron de lo que, solo ayer, parecía ingenua fantasía popular o cruda superstición. Y el milagro más grande, y el misterio mayor, fue que el pensamiento de que la muerte puede no existir, se hizo posible, y pensé que aquéllos que se han ido puedan no haberse desvanecido del todo, sino que existan en alguna parte y de alguna manera y que quizá los vea otra vez. Me he acostumbrado tanto a pensar «científicamente», que tengo temor aún de imaginar que pueda haber algo más allá de la cubierta externa de la vida. Me siento como un hombre sentenciado a muerte, cuyos compañeros han sido colgados y que se ha resignado al pensamiento de que le espera la misma suerte, y de repente oye que sus compañeros están vivos, que han escapado y que también hay esperanzas para él. Pero que tiene miedo de creer esto, porque sería tan terrible si resultara falso, y nada quedaría sino la prisión y la espera de la ejecución. Sí, yo sé que todos estos libros sobre «la vida después de la muerte» son muy ingenuos. Pero conducen a alguna parte, hay algo tras ellos, algo a lo que yo me había acercado antes; pero entonces me atemorizó, y hui al desnudo y árido desierto del «materialismo».
[...]
Libros, libros, libros. Leo, encuentro, pierdo, encuentro otra vez, pierdo de nuevo. Por fin, un cierto todo toma forma en mi mente. Veo la ininterrumpida línea del pensamiento y del saber que va de siglo a siglo, de época a época, de país a país, de una raza a otra; una línea profundamente escondida debajo de las capas de las religiones y filosofías que son, en realidad, solo distorsiones y perversiones de las ideas que pertenecen a esta línea. Veo una extensa literatura llena de significado, que me era completamente desconocida hasta ahora, pero que, viéndolo con claridad, alimenta la filosofía que conocemos, aun cuando rara vez se la menciona en los textos de historia de la filosofía.
Y me asombro de no haberlo sabido antes, de que haya tan pocos que apenas hayan oído de ello. ¿Quién sabe, por ejemplo, que un juego de naipes común y corriente, contiene un profundo y armonioso sistema filosófico? Esto está tan completamente olvidado que parece casi nuevo.
Decido escribir, decir todo lo que he descubierto. Y al mismo tiempo veo que es perfectamente factible hacer concordar las ideas de este pensamiento oculto con los datos del conocimiento exacto, y me convenzo de que la «cuarta dimensión» es el puente que puede tenderse entre el viejo y el nuevo conocimiento. Y veo y encuentro ideas de la cuarta dimensión en el antiguo simbolismo, en los naipes de Tarot, en las imágenes de los dioses hindúes, en las ramas de un árbol, y en las líneas del cuerpo humano.
Recopilo material, selecciono citas, preparo resúmenes, con la idea de mostrar la peculiar conexión interna que veo ahora entre los métodos de pensar que ordinariamente aparecen separados e independientes. Pero en el transcurso de este trabajo, cuando todo está preparado, cuando todo toma forma, empiezo de repente a sentir un escalofrío de duda, y un cansancio se apodera de mí. Bien, un libro más será escrito; pero ya ahora, cuando estoy empezando a escribirlo, sé cómo terminará. Sé los límites más allá de los cuales es imposible ir. El trabajo cesa. No puedo forzarme a escribir acerca de las ilimitadas posibilidades del conocimiento, cuando veo el límite para mí mismo. Los viejos métodos no sirven, son necesarios otros. Las gentes que creen que algo puede ser alcanzado por sus propios esfuerzos, son tan ciegas como aquéllas que ignoran totalmente las posibilidades del nuevo conocimiento. Dejo de escribir el libro.
Los meses pasan, y me encuentro absorbido completamente en extraños experimentos que me llevan más allá de los límites de lo conocido y posible. "



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