La subasta del lote 49 (fragmento)Thomas Pynchon

La subasta del lote 49 (fragmento)

"Ya en Los Jardines de Eco, y dado que Metzger iba a pasar el día entero en Los Ángeles por otros asuntos, buscó enseguida la única página en que aparecía el término Trystero. Junto al verso en que figuraba había una frase a lápiz: «Cf. variante ed. 1687». Escrita posiblemente por un estudiante. En cierto modo la animó. Puede que otra versión del mismo verso contribuyera a desentrañar la cara oculta de la palabra. Según el breve prefacio, el texto se había tomado de una edición en folio, sin año. Era curioso, el prefacio no lo firmaba nadie. Miró la página de créditos y comprobó que la edición original en tapa dura de la que se había hecho la edición de bolsillo era un libro de texto para estudiantes, Obras de Ford, Webster, Tourneur y Wharfinger, Lectern Press, Berkeley, California, 1957. Se sirvió medio vaso de Jack Daniel's (los Paranoides les habían dado una botella sin estrenar la noche anterior) y llamó a la biblioteca de Los Ángeles. Miraron, pero no tenían la edición de tapa dura. Podían pedírsela mediante el servicio de préstamo entre bibliotecas.
—Un momento —dijo; se le había ocurrido una idea—, la editorial está en Berkeley. Creo que me dirigiré a ella directamente. —Con la intención de visitar de paso a John Nefastis.
Se había fijado en la placa conmemorativa sólo porque cierto día había vuelto intencionadamente a Lago Inverarity, por mor de lo que podríamos llamar obsesión creciente por «poner algo de sí misma» —aunque se tratase sólo de su presencia— en el caos de gestiones financieras que Inverarity había dejado al morir. Ella los pondría en orden, crearía constelaciones; al día siguiente fue en coche al Hogar Vespertino, un asilo para ciudadanos de la tercera edad que Inverarity había fundado más o menos cuando Yoyodyne se había trasladado a San Narciso. En la sala recreativa que daba al vestíbulo vio que el sol entraba prácticamente por todas las ventanas; un anciano asentía con la cabeza ante una confusa película de dibujos animados de Leon Schlesinger que daban en la televisión y una mosca negra pacía en la rosada y casposa acequia del sector limpio de su pelo. Una enfermera gorda irrumpió con un frasco de insecticida y gritó a la mosca para espantarla y poder acabar con ella. La prudente mosca permaneció inmóvil. "



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