Tras la muerte de Steuermann (fragmento)Theodor Adorno

Tras la muerte de Steuermann (fragmento)

"En él como en ningún otro músico hace pensar una definición de la dialéctica dada por Hegel a Goethe: sería el espíritu de contradicción organizado. En Steuermann era omnipresente el afán de romper los encofrados de la consciencia convencional, de ayudar a sacar a la luz lo oculto. Con fuerza talmúdica hacía hablar a los signos de la partitura, como en una versión interlineal. Pero no menor era su ímpetu expresionista. En erupción salvaje el pianista Steuermann liberaba la expresión encadenada por los tabúes. Pero lo que en común tenían esos dos momentos era la fantasía inagotablemente regeneradora de sí misma. Ésta estaba tan dedicada al sentido musical en cuanto expresión como incluso en el signo coagulado percibía la huella de ese sentido, la relación de los momentos con el conjunto. Por eso su modo de tocar, pese al máximo olvido de sí mismo, a la libertad completa con respecto al objeto, tenía algo inconfundible. Tan poco quería siempre exhibirse al tocar como drásticamente cabía reconocerlo en cada compás: en cada entrada, en cada ataque, en cada acento. El mecanismo de su ejecución era vigoroso y sumamente virtuoso; nunca, sin embargo, se entregaba al virtuosismo. Por amor a la expresión y a la estructura renunciaba a la brillantez, la cual no le habría costado ningún esfuerzo; desdeñaba toda consideración al posible efecto. Los contextos musicales superficiales se le polarizaban según una diferenciación delicadísima y una energía restallante. La violencia de los contrastes distanciaba sobre todo al Romanticismo hasta convertirlo en modernidad. Para quien había crecido con Chopin el más profundamente afín era quizá el primer Schumann. No se puede describir cómo bajo su mano se abrían los abismos en esta música, cuán consoladoramente penetraba a raudales en ella la luz del recuerdo.
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La fuente de la que extraía su fuerza era incuestionablemente la capacidad compositiva. El nivel de su conciencia acrecentó su productividad, tal, pues, como la mayoría de las veces los artistas sólo son intelectualmente malos cuando su intelectualidad no llega lo bastante lejos y se da por satisfecha con construcciones racionalistas accesorias. Nada apartaba a Steuermann de la composición; ésta dominó en los últimos años de su vida. Aunque se ha interpretado mucho suyo, pudiera ser que apenas hubiera impresa una sola nota. La crítica, profundamente insegura frente a los fenómenos compositivos inhabituales, gusta de despachar con superioridad usurpada lo que no es capaz de experimentar. Quien toca tan bien el piano, así opera la lógica del rencor, es imposible que pueda ser un auténtico compositor. Finalmente, se disipará probablemente tal desatino sin ninguna propaganda; la cosa habla en favor de él, cuya nobleza nunca reclamó nada para sí. Naturalmente, escribió mucho para piano, una sonata, ciclos de piezas, también canciones sobre poemas de Hofmannsthal, de Brecht, de su cuñado Berthold Viertel; coros, música de cámara, cuartetos, entre ellos una suite a la que llamó Vals, un Trío con piano muy importante, Un Dúo. "



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