Cuando ella era buena (fragmento)Philip Roth

Cuando ella era buena (fragmento)

"Todo había empezado hacía un año, una noche de verano, cuando Ellie y su padre se quedaron solos en la casa. Eran más de las once, ella estaba acostada y repentinamente recordó que había olvidado pedir a Judy Rollins que no dijera nada a nadie sobre algo que le había comentado, así que alargó el brazo y cogió el teléfono, que estaba al lado de la cama. Por supuesto, en el mismo instante en que oyó a su padre hablando en la línea de abajo supo que debía colgar. Pero la voz que estaba al otro lado de la línea pertenecía nada menos que a la señora Mayerhofer, la encargada de los establecimientos de lavadoras automáticas de su padre en Selkirk, de quien él siempre se quejaba a su madre. La señora Mayerhofer era, según su padre, un poco lenta de entendederas; de hecho, todo tenía que explicárselo diez veces antes de que lo hiciera bien. Prácticamente sólo le daba trabajo por lástima —había sido abandonada por su marido y tenía un niño pequeño— y porque, a diferencia de su predecesora, la ilustre señora Jarvis, parecía que la señora Mayerhofer no pensaba robarle hasta dejarle como había venido al mundo.
Su padre estaba diciendo que no podía ir hasta Selkirk antes del fin de semana porque estaba demasiado ocupado en Liberty Center. La señora Mayerhofer dijo que no podía esperar hasta el fin de semana, y Ellie todavía recordaba que en ese momento había pensado «Vaya, qué imbécil», hasta que oyó reír a su padre y decirle que mientras tanto tendría que conformarse con la botella de agua caliente. La señora Mayerhofer se puso a reír y Ellie explicó que sintió que sus huesos, su sangre y todas sus entrañas se habían convertido en piedra. Dejó el auricular sobre la almohada y lo mantuvo allí durante un rato que a ella le pareció que duraba siglos; cuando por fin lo acercó a su oído, la línea estaba libre… y llamó a Rollins. ¿Qué otra cosa podía hacer?
Ellie le explicó que todo esto había ocurrido poco antes de que ella y Lucy se conocieran. En realidad, se había muerto de ganas de contarle a Lucy lo que había oído, pero se sentía tan avergonzada e incómoda —y poco después tan insegura en cuanto al significado de lo que había oído o, al menos, al significado que ella había dado a lo que había oído— que decidió dejar de verla durante un tiempo en lugar de arriesgarse a arruinar su amistad y a poner en ridículo a su familia y a sí misma.
Por un momento, las palabras de Ellie confundieron a Lucy, pero ello no se debía simplemente al modo desordenado en que su amiga le había contado la historia. Tenía que analizar en su cabeza el significado de lo que Ellie acababa de decir… Es decir, el significado que las palabras de su amiga tenían para sí misma.
Ellie decía que solía permanecer despierta, sin lograr conciliar el sueño, temerosa de volver a oír una conversación parecida… Y luego, en silencio, volvía a levantar el auricular. Era una pesadilla: no quería pillar a su padre con las manos en la masa y tampoco podía dejar de intentarlo. Una noche de aquel invierno, al volver a casa, su padre dijo que la señora Mayerhofer («mi pesadilla», la llamó) se había fugado: había desaparecido de su apartamento de Selkirk con bebé, equipaje y todo. Al día siguiente fue hasta allí para buscar y contratar a alguna otra persona que se hiciera cargo del establecimiento de lavadoras automáticas de Selkirk. La mujer elegida se llamaba Edna Spatz.
Y eso era todo lo que había ocurrido. Nunca le volvió a oír hablar por teléfono con la señora Mayerhofer, y tampoco tenía motivos para sospechar de Edna Spatz, pero cada vez que su padre iba al establecimiento de Selkirk, Ellie sabía que era para comportarse de un modo vergonzoso a espaldas de su madre… aunque también sabía que Edna Spatz tenía marido y dos niños pequeños en Selkirk. Ésa era la época en que ella y Lucy habían vuelto a verse y, en más ocasiones de las que podía recordar, Ellie había deseado contarle toda la terrible historia sobre la señora Mayerhofer. Pero la señora Mayerhofer era tan terriblemente estúpida e inculta… Por eso su padre no había podido con ella, simplemente no había podido. Ni siquiera había querido intentarlo. "



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