Ética o conócete a ti mismo (fragmento)Pierre Abélard

Ética o conócete a ti mismo (fragmento)

"La pregunta es si Dios nos prohíbe todo pecado. Responder afirmativamente parecería que Dios actúa contra razón, puesto que en esta vida no se puede pasar sin cometer pecados, al menos, veniales. Ahora bien, si nos mandó evitar todos los pecados -y en realidad no podemos evitarlos todos-, entonces no nos impuso un yugo suave y una carga ligera, sino un peso que excede nuestras fuerzas y que no podemos soportar de ninguna manera, tal como el Apóstol afirma del yugo de la Ley.
¿Puede, en efecto, verse alguien libre al menos de una palabra ociosa y -sin irse nunca de la lengua- alcanzar la perfección de que nos habla Santiago cuando dice: "si alguno no cae hablando es un hombre perfecto?". Pienso que a nadie se le oculta lo difícil y, aún más, lo imposible que resulta a nuestra debilidad permanecer libres de pecado, sobre todo habiéndonos dicho el mismo Apóstol poco antes: "todos caemos muchas veces". Y que otro Apóstol de gran perfección afirme también: "si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros".
Esto es verdad si tomamos la palabra "pecado" en sentido amplio, como ya explicamos, y llamamos también "pecado" a todo lo que hacemos sin deber hacerlo. Si, por el contrario, entendiendo el pecado en un sentido propio, sólo llamamos "pecado" al desprecio de Dios, entonces se puede pasar toda una vida sin cometerlo, aunque con máxima dificultad. Como recordamos más arriba, Dios no nos prohíbe sino el consentimiento en el mal con el que le despreciamos, aunque su mandato parezca referirse a la acción. Así lo explicamos ya, demostrando que de otro modo no podríamos observar absolutamente sus mandamientos.
De los pecados, unos se llaman veniales, es decir, leves; otros, mortales o graves. De los mortales, a su vez, hay algunos que se llaman crímenes, y son aquellos que, si llegan a conocerse, pueden hacer infame o culpable de crimen a una persona. Hay otros que no se llaman así. Los veniales son tales cuando consentimos en lo que sabemos que no se ha de consentir, pero sin tener entonces presente en la memoria eso que sabemos. Es claro que sabemos muchas cosas aun cuando estemos dormidos o no nos acordemos de ellas. Ni cuando dormimos perdemos nuestros conocimientos o nos volvemos tontos, ni cuando despertamos nos hacemos sabios. "



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