Rebeldes primitivos (fragmento)Eric Hobsbawm

Rebeldes primitivos (fragmento)

"Pero en el fondo la muchedumbre no estaba realmente vinculada a ningún rey, gobernante o sistema en absoluto, y solamente se pusieron etiquetas políticas a movimientos que carecían de programa positivo fuera del odio hacia el rico y de un cierto igualitarismo subanarquista. Y es que ni siquiera el anarquismo brindaba una solución positiva. Una aldea campesina podía esperar funcionar como tal aldea mediante el mero consenso comunitario, con que se aboliesen el Estado, el derecho y los ricos, explotadores e intrusos. Pero una ciudad no puede esperar gobernarse de este modo. La única solución para las urbes que puede proponer el anarquismo primitivo es su destrucción, proposición que (según vimos) los campesinos anarquistas pueden aprobar con los brazos abiertos, pero que por su misma situación los pobres de la ciudad no pueden aceptar. Alguien debe organizar la ciudad y hacer posible su vida. Si hay «igualdad» en ella, no puede tratarse más que de la sofisticada igualdad del voto o de la igualdad de oportunidades, o de algo por el estilo, no de la mera igualdad de todos los hombres que cultivan en común, hermanados, la tierra, y que acaso la redistribuyen periódicamente. La muchedumbre podía alzarse. Podía hacerlo con notable eficacia porque, viviendo en ciudades y capitales, tenía una concepción mucho más precisa que los campesinos de pueblos alejados de lo que significaban el «gobierno», el «poder», y también la «toma del poder». Pero no podía hacer más que levantarse periódicamente contra el destino del hombre, y luego volver a su cauce, y prefería la aceptación tácita del gobierno y de los que brindaban trabajo —es decir algún gobierno, cualquier gobierno— y luego el procedimiento de la asonada para objetivos limitados o de corto plazo. No importaba mucho el grito que motivase la algarada. No sé de ningún movimiento milenario entre las turbas clásicas de la gran ciudad en los dos últimos siglos, ya que era de excepcional dificultad para ellas el adquirir una concepción de un mundo nuevo y perfecto.
Sin embargo, paulatinamente, la muchedumbre cambió de lado, si es que esta expresión no peca de demasiado precisa o de demasiado discutible. Si nos limitamos, en aras a la comparabilidad, al populacho de las ciudades absolutistas o que lo habían sido, de tipo meridional, la transición puede observarse en diversas fases a contar de la Revolución francesa. Sea lo que fuere lo que movía al menú peuple de París a manifestarse desordenadamente, desde la Revolución en adelante lo hizo bajo los auspicios de la izquierda. El populacho vienés, leal y antijacobino en el último decenio del siglo XVIII (con la salvedad característica de los zapateros que eran profranceses porque los franceses iban contra la religión), era revolucionario en 1848. Un estudio de las comedias de los suburbios nos permite situar el cambio habido en el ambiente político popular con mayor precisión: entre los principios de los años 1830 y 1848.*' En España, los protagonistas de los cafés cantantes de Sevilla y de Barcelona, después de mediado el siglo XIX, eran generales liberales, si es que podemos juzgar a tenor del contenido de sus coplas y de las experiencias de los artistas.^ Aun en el propio Nápoles, la fortaleza del borbonismo de los pobres, los borbones aguardaron en vano el año 1860 a que se reprodujera la sublevación de los lazzaroni de 1799. Los lazzari no se movieron. Además hacía unos años que la Camorra había llegado a un acuerdo con los liberales, y Garibaldi se apoderó de los pobres de Nápoles lo mismo que se había hecho con los corazones de todos los demás desheredados. "



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