Tantos días felices (fragmento)Laurie Colwin

Tantos días felices (fragmento)

"Holly tenía una prima que se llamaba Gem, Gem Jaspar. Holly le llevaba cinco años y nunca le había prestado demasiada atención. Cuando iba a la universidad, Gem todavía jugaba a hockey sobre hierba, y la imagen que a Holly se le había quedado grabada era la de una niña vestida de uniforme.
Gem vivía de cara a la galería. Cuando las revistas de moda dedicaban páginas a la ropa ideal para salir a navegar, nunca podía faltar una fotografía de Gem. Cuando los periódicos informaban de suntuosas fiestas, no fallaba el nombre de Gem. En la perfecta agenda de direcciones de Holly, Gem ocupaba una página y media: Holly odiaba las direcciones tachadas porque echaban a perder la pulcritud de su letra, y la existencia peripatética de Gem le había causado infinidad de pequeños disgustos. Como Holly creía que la gente debía sentar la cabeza, a todos los anotaba con tinta. Con Gem había acabado pasándose al lápiz.
Gem era una de esas chicas altas, vigorosas y atléticas que de lejos parecen un poco bizcas pero de cerca ya no dan esa impresión. Había ido al colegio en Francia y había hecho algún amago de estudiar una carrera, pero se había limitado a flotar entre las instituciones de enseñanza superior a las que la enviaban. En un momento dado, Gem se casó con un hombre llamado Clifford van Allen. Celebraron la boda en Suiza y luego se dispusieron a viajar. Clifford se dedicaba a las carreras de coches y de caballos, aquellos eran sus únicos intereses. En otro momento dado, Gem se divorció y se embarcó en una aventura de superación: se matriculó en una academia de diseño de moda, dio clases de dibujo arquitectónico y pasó cuatro meses en una escuela de intérpretes tratando de descubrir si su francés era lo bastante bueno como para ser intérprete en Naciones Unidas. No lo era. Esas actividades le ocupaban el otoño y la primavera. El resto del tiempo, Gem lo dedicaba a las vacaciones de verano y de invierno. Navegaba en verano y esquiaba en invierno, casi siempre en el extranjero.
Cuando Gem hacía alguna visita, sus botas de montar llenas de barro esperaban a la puerta de la casa de sus huéspedes, y cuando hacía buen tiempo siempre dejaba sus pantalones de montar colgados en la verja. Gem nunca viajaba ligera. En la maleta llevaba botas y un sacabotas de hierro, y solía cargar siempre con la silla de montar y con un portasilla plegable de acero. No había ocasión para la que Gem no dispusiera de indumentaria y los accesorios adecuados. Gem debía hacer frente a ciertas exigencias de su vida: necesitaba espacio para los esquís alpinos y para los de fondo, para las botas de esquiar y para los patines, para sus botas de montar, para el equipo de alpinismo, para sus náuticos y su equipo de caza. "



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