Montesquieu (fragmento)Albert Sorel

Montesquieu (fragmento)

"Y a pesar de su orgullo, sintiéndose hastiado de los hombres, admitirá sin denuedo que concluye la centuria, pero que no se siente en absoluto satisfecho. Cornelio expresó muy bellamente el soberano disgusto que supone la ostentación de un poder ilimitado.
La ambición desagrada cuando el espíritu se siente saciado. Deseaba el poder y lo obtuve, pero desconocía lo que subyace tras el logro del deseo...
El destino me reservó la cruel amargura de ser el Sila Montesquieu, y yo, Éucrates, nunca pude disfrutar la dicha de verme a mí mismo como maestro absoluto de Roma. Miraba a mi alrededor y no hallaba rivales ni enemigos. Sentí que, en el fondo, había sido castigado como si fuera un esclavo. El más soporífero tedio inspiró la más sorprendente de las resoluciones: renunciar a la dictadura en un tiempo en el que se consideraba que ésta era el único refugio posible. Todos los romanos acogieron su decisión con prudente silencio y de nuevo se encontró a sí mismo presa de la impaciencia y la insatisfacción. Concluyó con estas palabras:
"Me sentí muy sorprendido por los hombres, al punto de convertirme en su víctima al no lograr hallar la razón de la felicidad. Montesquieu podría seguir siendo Sila en lugar de César. No había meditado suficientemente el quid de la cuestión. Conocemos lo sucedido a Danton y Robespierre, los resucitados Gracos que lideraran la insurgencia de Roma, y de Bonaparte, el César que invadió la historia romana. La gran revolución del mundo moderno ha tergiversado todos los puntos de vista, incluso de las principales premisas y bastiones en los que asentaba el mundo antiguo. Montesquieu, que gobernó aspirando a la excelsitud de Alejandro y Carlomagno, no obstante se sintió inclinado a menospreciar a César. En lugar de aislar a César en el mundo romano, rechazó adoptar las medidas adecuadas para que la multitud no lo rechazara, inquiriendo como el Casio de Shakespeare:
"¿Quién es este César? ¿De dónde proviene su grandeza? ¿Por qué su nombre ha de ser más grande que el tuyo?"
Montesquieu reconoce que ésta habría de ser la política que liderara la incipiente República. Pero se niega ostensiblemente a ver en César un instrumento del destino, uno de esos hombres que acometen lo inevitable, pero que no son decisorios en lo que concierne a los aspectos más relevantes de todo imperio y que, en suma, no contribuyen a cambiar el decurso de la historia. "



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