Los pájaros salvajes (fragmento)Germán Rozenmacher

Los pájaros salvajes (fragmento)

"Y cuando llegaron al camino papá se sentó a esperar que pasara el camión. Ella abrazó su muñeca y se tapó los ojos para no verlos, aleteando alrededor de ellos.
Me voy, había dicho mamá ayer a la tarde, me parece que me voy, había dicho. Y papá estaba tirado en medio del río con el agua corriendo apenas entre las piedras. Y sus tres hermanitos estaban en el rancho de paredes de latas aplastadas y tablas y arpillera y techo de paja y entonces mamá había dicho que estaba cansada y que estaba harta y que había sido una estúpida porque se había dejado enamorar por la voz y por los ojos y por la manera en que papá le apretaba la cintura y que era una estúpida porque lo quería todavía y porque se había ido a vivir con él y porque ahora tenía diecisiete años y ya era una vieja y tenía cuatro hijos y se había puesto fea de tristeza y de hambre y de trabajar como lavandera, lavando las ropas de los demás para que los chicos pudieran comer. Y entonces gritó que papá era siempre el mismo y gritó que quería vivir. Y entonces papá agarró un sifón vacío que tenía al lado y se lo tiró, pero estaba demasiado borracho como para que le diera a mamá y entonces el sifón reventó y se fue aguas abajo y él después se levantó y abrazó a mamá que se acurrucó contra él muy fuerte y lloró.
Y papá dijo que había peleado y había cosechado y lo habían echado de allí, del valle, y entonces sintió que se reían de él, la tierra y el patrón y todos esos malditos pájaros salvajes que lo empujaban y lo gobernaban y lo poseían. Y entonces la chica rubia los vio.
Y dijo Jesús María y José y siguió viendo a los pájaros malos. Y mamá dijo –estás borracho José. Y dijo que se iba, porque su viejo la había echado de casa cuando se fue con papá y ahora era mujer y dijo que necesitaba perfumes y una cinta para el cabello y comida para sus hijos. Y entonces los hermanitos empezaron a berrear y ella los entró y para que se durmieran imitó el graznido de los loros salvajes. Y temblando de frío y tristeza, se durmió.
Y entonces no sabían bien, porque pasó entre sueños, sintió que mamá la besaba y la quería llevar y papá decía los demás sí, pero ella no porque ella era como mamá. Y después, muy temprano, papá la despertó y ya no había nadie y entonces bajaron por el río y fueron a una quinta y papá la sentó entre los altos yuyales con la muñeca y estuvo allí, hundida y casi invisible entre la maleza y él desmontó yuyos con una guadaña toda la mañana y después le pagaron y antes de irse robó una sandía para ella. "



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