El Dios de la lluvia llora sobre México (fragmento)Laszlo Passuth

El Dios de la lluvia llora sobre México (fragmento)

"La audiencia no se distinguía exteriormente en nada de las anteriores. Los capitanes estaban en semicírculo, Moctezuma sentado sobre un sillón renacimiento. Para Cortés habían puesto un asiento bajo y ancho que alcanzaba la altura de los demás a fuerza de almohadones. Los dos intérpretes estaban sobre escabeles delante de los personajes. Moctezuma empezó la conversación. Los españoles debían referir los acontecimientos del día anterior, informar acerca de lo sucedido y expresar sus deseos. Sobre una mesita se veían algunas joyas y algunas piedras preciosas sin montura. Dio a Cortés un resplandeciente rubí y, según su costumbre, colmó también de regalos a los dos intérpretes. Sentía el deseo -dijo- de estrechar todavía más la alianza de la sangre entre los capitanes y las hijas de su casa. A Malinche le ofrecía un fruto de su carne y los capitanes podían elegir entre las damas de la corte.
-Augusto señor: tus mercedes nos cubren; pero has de saber que, según nuestras leyes, un hombre sólo puede tener una esposa legítima. Sin embargo, te ruego nos des tu hija para que nosotros la eduquemos en nuestra fe y después rogar a nuestro señor Don Carlos que elija para ella el príncipe que deba tener el honor de poseer su mano.
La conversación seguía ligera y amena. Moctezuma estaba de buen talante y satisfecho. Cortés luchaba con su propio designio. Le hubiera gustado más el decir: "Hasta mañana, caballeros." Su mirada se fijó en Olid, que asía fuertemente el puño de su espada. Todos habían callado. Cortés desdobló el pliego que había recibido de Vera Cruz. Moctezuma conocía ya aquellos signos alineados en papel blanco que hacían soltar la lengua a los que comprendían su sentido. El capitán general comenzó a leer con voz profunda y solemne. Detrás de aquellos renglones parecía que le miraba Escalante, mortalmente pálido y con el cuerpo acuchillado, y veía también un montón de cadáveres decapitados frente al altar de los sangrientos dioses. Decía la carta: "Los prisioneros indicaban que la orden de atacar había sido dada al cacique de la costa por el Terrible Señor."
Moctezuma movió la cabeza. Sus informadores le habían enviado ya antes la hoja que anunciaba el luto y la sangre. ¿Qué exigía por ello ahora Malinche?
-Que se invite al culpable jefe a presentarse ante ti y que por sentencia de tus jueces se nos entreguen los culpables.
Moctezuma desprendió de su muñeca un signo o sello real grabado en un jaspe; con su propia mano tomó uno de los abanicos guarnecidos de oro, símbolo de su autoridad y con los que se citaba a los culpables a comparecer ante la justicia.
Cortés comenzó una larga y diplomática peroración que Marina iba traduciendo con esfuerzo y difícilmente... Estaban uno de otro a una braza de distancia, a sus pies la intérprete, y frente a ellos los capitanes, a un lado, como para protegerse del sol. "



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