Pélagie-la-Charrette (fragmento)Antonine Maillet

Pélagie-la-Charrette (fragmento)

"Y desde ese primer día la tierra se torna hermética sobre laminadas concavidades de unos treinta pies que desde la orilla fluvial del Acadia succionaban a sus gentes. Pélagie había formulado la solemne promesa de acunarse en el país de sus ancestros. Pero sus vástagos habían crecido demasiado deprisa, incluso la pequeña Madeleine que vio la luz en una goleta inglesa. Y cuando por fin pudo decidirse a navegar, su benjamina rondaba ya la quincena. Y en vez de un navío, Pélagie aparejó un carretón acarreado por tres pares de bueyes que le habían costado cinco años de arduo trabajo en los campos de algodón bajo el oneroso esfuerzo diario que implicaba resistir la crueldad brutal de un plantador que azotaba con el mismo desprecio a los esclavos negros y a los blancos pobres.
[...]
Pero en 1880, un siglo después de su afrentoso regreso del exilio, La Acadia recibió fervorosamente a sus familiares. De todas las ensenadas, bahías e islas surgieron cabezas y ojos que trataban de reconocerse a sí mismos en los recién llegados, ya provinieran de Grand Digue, Cocagne, Bouctouche o la isla del Príncipe Eduardo, encontraron primos que respondían al nombre de Lanteigne, Cormier, Landry o Godin. Y aquellos que se atrevían a dejar su refugio, agitaban abiertamente sus brazos a los de Shediac y Memramcook en base al parentesco que habían encontrado en la isla de Cap-Breton, Pubnico y a lo largo de la Bahía de Santa María, en la antigua Acadia. "



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