Viaje crítico alrededor de la Puerta del Sol (fragmento)Manuel Ossorio y Bernard

Viaje crítico alrededor de la Puerta del Sol (fragmento)

"Las personas á quienes se dirigen los anteriores interrogantes, se hallan colocadas en la esquina de la Carrera de San Jerónimo, buscando apoyo á sus espaldas en las puertas del café Imperial, y son las mismas que nuestros poetas del siglo XVII pudieron ver y retrataren el mentidero de los representantes.
¿Qué esperan? preguntaréis.
Un caballo blanco; un empresario que no los conozca ó un agente que los conozca demasiado.
Por desgracia los caballos blancos van siendo tan raros como el ave fénix; los empresarios de las provincias no forman por la intranquilidad política y los agentes se ven reducidos á la impotencia.
Por eso esperan en vano los actores sin ajuste; por eso estaban hace un trimestre junto al café Imperial; por eso continúan hoy en el mismo sitio y por eso podrán verse dentro de un par de meses conservando su posición y sus esperanzas.
Si queréis conocerlos, no tendremos más que pararnos un momento junto á cualquiera de los grupos que forman: como la discreción no suele ser su característica virtud, ellos mismos se retratarán, evitándonos así un trabajo penoso.
—Cuando yo estaba de primer actor en Alicante, —dice uno de colosal estatura y envuelto en un gabán milagroso, porque á imagen de la paciencia de Dios nunca se acaba,— Piedrahíta era un mal racionista de mi compañía, que no servía siquiera para hacer buñuelos.
—Pues vaya V. á pedirle hoy un favor...
—Claro: como que su hija la bailarina le ha hecho primer galán del teatro de Barcelona. El empresario gusta de las rubias; y la hija de Piedrahíta ha sabido teñirse el cabello muy oportunamente.
—Ese es el teatro, amigo Rebollar: de nada sirve el mérito si no se cometen bajezas.
—Pues, ¿por qué estoy yo sin un contrato? Por haberme negado á hacerle los segundos á Perea Ya ven ustedes, Perea...
—¿Quién? ¿Un cojo que no tiene pelo de barba y que estuvo de gracioso en el café de Maravillas?
—El mismo: el primer galán hoy en Valencia.
—¡Qué escándalo!
— Pero los valencianos me han vengado cada noche le dan un meneo. Últimamente me ha escrito la característica diciéndome que está sofocada con el tal hombre...
-Pues la tal característica tiene mucho que perder...
—Hombre, ahora se ha reformado desde que se casó con el violín.
—Pues el hombre ha hecho su suerte: tiene una mujer más conocida que el Don Juan Tenorio.
—Con la diferencia de que Don Juan Tenorio gustó siempre y ella no ha gustado nunca...
Alejémonos del grupo en que tan mal paradas quedan todas las reputaciones y oigamos lo que dicen en el inmediato.
—¿Quién lleva la palabra?
—Quién ha de ser: Rebollar: ese hombre que pudiendo contratarse para encender á mano los faroles se ha obstinado en ser cómico.
—Pues me habían dicho que se iría con Piedrahita.
—Bien se ha bajado Rebollar para conseguirlo; pero el otro le conoce y no le ajustará.
—¿Y de qué vive?
—De lo que debe al mozo del café: almuerza todos los días ahí dentro.
—¿Y le fía el mozo?
—Yo te diré: el mozo tuvo un deudor que era poeta y al cual solo consiguió arrancarle un drama en tres actos y un epílogo, titulado El corazón y las botas. Rebollar, que sabe vivir, le ha prometido representarle el drama en cuanto le contraten en Madrid, y el mozo, después de arruinarse por el poeta, se está arruinando por el actor.
—Bueno; pero supongo que Rebollar no hará una sola comida.
—Una noche le vi entrar en un bodegón de la Cava Baja, y desde entonces me ha cobrado un aborrecimiento inexplicable. Mira si me aborrecerá, cuando por no hablarme sin duda, ha resuelto no pagarme tres pesetas que puse por él hace nueve años cuando se echó un guante para enterrar á la pobre Eleuteria Rojillo.
—¡Pobre chica! Precisamente cuando iba á casarse con ella, ignorante de toda su vida, aquel abaniquero de Burgos...
—Lástima fué sobre todo para el arte; á no ser gangosa, hubiera brillado en el teatro, llegando á ser tan conocida como fuera de él.
Alejémonos. En el primer grupo se quitaba el pellejo á los vivos: en el segundo no se perdona á los difuntos. Escuchemos junto al tercero, en el cual hay una señora: allí al menos no se murmurará. Precisamente es ella la que está hablando; escuchemos. "



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