Lo más hermoso (fragmento)Adelardo Fernández Arias

Lo más hermoso (fragmento)

"María (Que entra por la primera de la izquierda.) Juana me ha dicho que venga... la obedezco, porque me van faltando las fuerzas.
Doctor. ¿Quién ha quedado con el enfermo?
María. Juana, su marido y Pepita. Diga usted, Doctor, ¿por qué está tan abatido?
Doctor. Porque le hemos quitado las energías.
María. Pero, ¿no habrá peligro?
Doctor. En la pérdida de energías, no señora; en la operación, mucho.
P. Jesús (Al Doctor.) Ya está todo listo, ¿lo ordenamos todo allí?
Doctor. Sí, Padre, y cuando todo esté dispuesto, Ramírez lo dirá, me avisan; no debe el enfermo oír mi voz; entonces que vengan esos señores para que acompañen á doña María. (El Padre Jesús sale por la segunda de la izquierda.)
María. Pero, ¿yo no voy á presenciar la operación?
Doctor. Por Dios, señora, ¿cree usted que sería prudente? Comprometería usted su éxito.
María. (Después de cerciorarse de que están solos.) ¡Álvaro!
Doctor. ¡María!
María. Ya has visto que soy una desgraciada.
Doctor. Sí lo he visto...
María. No sé cómo ha podido saber...
Doctor. ¡Qué más da!
María. Sí, Álvaro... antes... cuando él no sabía, cuando nadie pudo saber, yo, en mi desgracia, era feliz pensando a solas en... (Se detiene arrepentida de haber hablado.)
Doctor. ¡Sigue!...
María. No...
Doctor. Sigue... te lo ruego... me haces feliz...
María. (Sorprendida.) ¿A ti?
Doctor. A mí...
María. Pero, ¿no me desprecias?... (Muy sorprendida.)
Doctor. ¿Yo?... ¿Despreciarte? ¿A ti?... ¡María, te he adorado mucho, te quiero demasiado para despreciarte!
María. (Temerosa.) Álvaro... ¡yo no te puedo oír!
Doctor. ¿Por qué no?... Si es verdad, si has sido toda mi vida, mi ideal, mi musa creadora, el objetivo único de mi existencia; si pensando en ti estudié, quise ser, quise llegar arriba, muy alto, donde nadie más que yo llegase, donde no llegase ninguna torre de oro, porque el oro para construir las torres se acaba en un número de metros determinado y la altura que alcanza el genio es inconmensurable... ¿Por qué no he de decirte que lo que soy te lo debo á ti, á ti, solamente, porque pensando en ti trabajé?... Deberían saberlo todos, debía decirlo a gritos para que todos apreciasen la grandeza de mi sacrificio; pues adorándote, pensando en ti toda la vida, amándote como sólo yo soy capaz de amar... no te he buscado, no he querido saber dónde estabas, y al verte ahora, veo en ti la mujer de ese enfermo, y luego volveré a olvidar que te vi... ¿no es más noble?... di, ¿no es más noble que si callase hipócritamente y pensase?... sí, es más noble, más franco, como yo soy...
María. Sí, lo eres. Lo eres... (Con miedo.) Desgraciadamente para mí...
Doctor. ¡Cómo! ¿Es verdad lo que has dicho? ¿No he oído mal?... ¿Tú?... ¿Tú eres capaz de...?
María. Yo sí... también yo... yo también me sacrifico...
Doctor. (Con ambición.) ¡Tú también eres superior!... Esa es la grandeza de alma; esa es la superioridad del espíritu: ¡sacrificarse en aquello que más se ama!...
María. ¡Somos dos místicos!
Doctor. ¡O dos voluptuosos!
María. (Pausa. Los dos sueñan despiertos. Después de una transición.) Y ahora, Álvaro, ya que conoces mi secreto, ya que tienes la certidumbre de que yo sacrifico mi pasión, ahogándola en mi deber... te hago una súplica... ¡sálvale!...
Doctor. ¡Qué alma tienes!
María. ¿Me lo prometes?...
Doctor. (Solemnemente.) Te lo prometo. Pensar que esta operación decidirá mi vida.
María. (Le da las dos manos, que él estrecha.)
Doctor. ¡Qué sarcasmos tiene la existencia!... Cuando tu padre te arrojó hacia ese hombre porque era rico, te arrojó sobre un saco de dinero... me despreciaba a mí que era pobre, que tenía inteligencia, que trabajaba, que no poseía más que el capital intelectual que... no puede contarse como los billetes de Banco, como las onzas, como todo eso que tu marido tiene y que para nada le servirá si mi pobre inteligencia no le salva...
Maria. ¡Sigue!... ¡Te veo resplandecer!... Parece que al hablar te rodea un nimbo de luz, como á los santos... es el genio que irradias, es el talento que forma en tu derredor un ambiente de grandiosidad...
Doctor (Pausa triste) Y ahora... ¡despidámonos!... para siempre... vuelve á ser la mujer de mi enfermo y yo el Doctor... ¡Adiós! no te olvidaré nunca, nunca; serás eternamente mi ideal...
María. Y tú vivirás siempre en mi alma...
Doctor. Adiós...
María. Adiós. "



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