Testamento de juventud (fragmento)Vera Brittain

Testamento de juventud (fragmento)

"El joven aviador, aún inconteniblemente animado tras un convulso viaje, me llevó directamente a la enfermería de Mayfair, donde hallé a mi madre ciertamente enferma, pero aún más preocupada y afligida.
Me pareció entonces, con mis rudos juicios y mi sistema de valores entre el blanco y el negro, algo totalmente inexplicable que la vieja generación, que sólo había entrevisto la guerra, fuera presa de la tensión más rápidamente que aquellos de nosotros que habíamos afrontado directamente el horror o la muerte de los postrimeros meses. Hoy, ya casi llegada a la mediana edad, y con niños que capitalizan mis pensamientos ansiosos de forma inexorable cada vez que me veo obligada a dejarles por una semana, me doy cuenta de cuánto minusvaloré el efecto del decrecimiento de la esperanza en la población civil año tras año, la escasez de víveres, la falta de luz, la pérdida de calor, la larga espera de noticias que casi siempre eran infortunios. Aquellos hombres y mujeres que, por suerte o por algún tipo de ingenio artístico, escaparon de la monotonía alusiva a la sumisión pasiva propia de las circunstancias bélicas, los coroneles que, como mi padre, comandaron batallones hogareños, o las matronas y comandantes de la Cruz Roja, como mi madre, que dispusieron hospitales en las ciudades o en las casas de los convalecientes a lo largo del país, albergaron muchas más posibilidades de sobrevivir sin destrozarse los nervios que aquellos que simplemente desempeñaron el aprensivo rol de parientes.
Habiendo conducido directamente desde la estación para ver a mi madre en casa, llevaba aún puesto el uniforme que me había proporcionado la matrona, a la que encontré justo como la había dejado, una excusa para tratarme con una brusca perentoriedad no usual entre las enfermeras visitantes.
-¡Silencio! -ordenó severamente-, a pesar de que yo no estaba haciendo ruido alguno. Están operando a un paciente en la habitación de al lado.
Como me había acostumbrado, desde hacía más de un mes, al hecho de que en un día fueran operados alrededor de diez o más pacientes simultáneamente, esta advertencia no me impresionó mucho, pero mentalmente me propuse no volver a presentarme vestida de V.A.D. a menos de cien yardas de cualquier enfermera civil. "



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