La rabia de Kafka (fragmento)Anatole Broyard

La rabia de Kafka (fragmento)

"Para la gran mayoría de los alumnos de la clase de Meyer Schapiro en la New School, el arte era en realidad la verdadera vida -y la vida misma, tal como habían visto, era más o menos una mentira. El arte, el arte moderno, era grande, intenso, pero al mismo tiempo constituía una vaga promesa o una amenaza, dependiendo de cómo lo contemplaras. Si pudiera pensarse en la civilización como algo sensual, el arte sería la manifestación de su sexualidad.
El reflejo de la tenue luz a través de los cristales y el ambiente silencioso hacía que las clases de Schapiro parecieran un servicio religioso. La cultura estaba envuelta aún en aquellos días en un halo de santidad. Si él hubiera podido elegir su propia iglesia, sin duda habría sido la románica -aún pervivía una aureola de fundamentalismo en él. Lograba que desearas levantarte y testificar o hacer sonar una pandereta.
Fui de la misma forma que los estudiantes veinte años después acudirían a la India. Quería creer en algo, cualquier cosa. Llegar a ser miembro de algún culto. Mi familia nunca había sido religiosa ni cultivada y, viniendo de Nueva Orleans, nosotros nos habíamos sentido siempre como intrusos en Nueva York. En el Brooklyn College todos habían sido comunistas excepto yo.
La pintura moderna devino en un motivo de exclusión más, un misterio más del que fui apartado. Me sentía sentir así cuando la gente hablaba de política, pero no me importaba mucho porque no estaba interesado en la politología. Y, además, secretamente pensaba que todo estaba conforme. Pensaba que ser comunista era un castigo que tenías que pagar por estar interesado en la ars política. Era la adolescencia de la política, una incómoda escena por la que tenías que pasar. Pero en el caso del arte moderno, me temí que quizás los otros tuvieran razón, que yo nunca sería moderno o sofisticado, que nunca me pertenecería. Nunca conocería la autosuficiencia propia de ser de mi tiempo, de ser contemporáneo. "



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