Antes del alba (fragmento)Eugenio Zolli

Antes del alba (fragmento)

"Mussolini era contrario a las persecuciones de los hebreos en Alemania. Él mismo se complacía en mofarse a veces de los hebreos y del hebraísmo. Filosemita ciertamente no era, aunque sí de escasa sensibilidad religiosa y de ninguna cultura religiosa. Al cardenal Schuster le hizo la pregunta de si en Roma y en Milán los dogmas eran los mismos; pensaba en... cantos litúrgicos. Era contrario a las persecuciones porque las consideraba un acto impolítico, en cuanto significaba enemistarse con el hebraísmo americano y la banca; Husserl, el embajador alemán en Roma, era contrario al antisemitismo por razones mucho más profundas.
Un día me fue entregada, por personas que quisieron permanecer en el anonimato, una rica documentación sobre los actos inhumanos y daños realizados a los hebreos de Alemania. Las didascalias estaban redactadas en alemán y pensé -el Jefe de los Rabinos de Roma de entonces no dominaba la lengua alemana y Mussolini probablemente tampoco- en traducirlas fielmente al italiano. Empleé tres días, tres días pasé casi en ayuno. Lo envié todo por medio de personas de mi confianza al Jefe de los Rabinos de Roma con la petición de que lo presentara también a Mussolini (yo nunca he intercambiado una palabra con él). El doctor de los sacerdotes me respondió que ya anteriormente Mussolini le había dicho que lo desaprobaba, pero que de todas formas le presentaría el documento al Jefe del Gobierno. Después me escribió: «Ha hojeado los documentos en mi presencia, se quedó impresionado, y luego me dijo: "¡Siempre he dicho que si se rascaba dentro de los alemanes descubriríamos a unos bárbaros! Hablaré sobre esto con Husserl"». El juicio era quizá un poco demasiado genérico y sumario. Sin embargo, también había alemanes que habían hecho de todo para esconder a los hebreos. Hasta donde era factible. Sacerdotes alemanes acompañaban más allá de las fronteras suizas a los hebreos escondidos entre las faldas de sus sotanas y hábitos. La respuesta indica, por otro lado, que Mussolini dejó a un lado, en esta ocasión, el criterio discriminativo entre político e impolítico para hablar, de hombre a hombre, del humano sentir. "



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