Hay alguien ahí (fragmento)Isaac Asimov

Hay alguien ahí (fragmento)

"Los astrónomos suponen que en la infancia del sistema solar, la materia que lo formaba consistía principalmente en polvillo de gases que giraban lentamente, y fueron contrayéndose bajo su propio impulso gravitatorio.
A medida que la materia se tornaba compacta hacia el centro, la temperatura del mismo se iba elevando. Éste es un fenómeno inevitable. La compresión del aire mediante una bomba de mano lo calienta y el centro de la Tierra, comprimido por el peso de todas las rocas y las demás materias de la superficie, se halla a una temperatura de miles de grados.
La materia comprimida del Sol, mucho más maciza que la terrestre, elevó su presión interna y su temperatura hasta unos límites insospechados.
Los átomos se movieron allí con más energía, hasta llegar a un punto en que las colisiones fueron tan monstruosas que los electrones que ocupaban las órbitas extremas de los átomos abandonaron su lugar dejando al descubierto los diminutos núcleos en el centro de los átomos. Entonces, los materiales se unieron drásticamente, y el Sol se encogió hasta alcanzar el tamaño actual.
Casi toda la materia del primitivo Sol era hidrógeno, y el núcleo del átomo de hidrógeno es una partícula sola, increíblemente pequeña, llamada «protón», según ya sabemos. En tanto se iba elevando la temperatura, estos protones, ya sin capa protectora, fueron chocando cada vez con más ímpetu, hasta que empezaron a ejercer una interacción que formó unos núcleos más complicados, con cuatro partículas: los núcleos de helio.
Esta fusión del hidrógeno para formar helio liberó una gran cantidad de energía. Se trata del mismo proceso que tiene lugar en la bomba de hidrógeno. En resumen: el Sol se incendió para formar una hoguera nuclear y se transformó en una colosal bomba de hidrógeno, gracias a cuya luz y calor vivimos. El Sol, al revés que las bombas de hidrógeno terrestre, no estalla y se desvanece pocos instantes después de la explosión, porque la gigantesca gravedad solar mantiene junta a su sustancia contra toda la fuerza de la fusión nuclear.
Tampoco estamos sujetos a la peligrosa radiación de esta enorme bomba de hidrógeno del cielo, porque la mayor parte del peligro queda enterrado muy adentro del Sol. En su centro, donde tiene lugar la fusión nuclear, la temperatura es de unos 14.000.000° C, pero este calor increíble está contenido allí y sólo surge muy lentamente a través de los centenares de miles de kilómetros de materia solar. La superficie del Sol sólo está ligeramente caliente en comparación con el centro, y la parte de radiación superviviente es absorbida por la atmósfera terrestre antes de llegar a nosotros.
Probablemente habrán transcurrido unos cinco o seis mil millones de años desde que el centro compacto del Sol se incendió en un fuego nuclear, mas en todo este tiempo sólo una mínima porción de su inmenso contenido de hidrógeno se ha fusionado en helio. Aun hoy día, muchísimo más de la mitad de la masa solar es de hidrógeno, y posee bastante combustible nuclear para continuar ardiendo igual que ahora al menos durante diez mil millones de años más.
Del Sol, hasta tiempos muy recientes, nos llegaba más materia de lo que la gente supone. Porque no toda la materia arrojada «hacia arriba» desde su superficie vuelve al Sol. Una parte de la misma (como las rociadas del mar llevadas a tierra por el viento) deja el Sol y se propaga por el exterior en forma de filamentos muy finos. "



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