Los niños bien (fragmento)Fernando Nachón

Los niños bien (fragmento)

"-Mira, vete "hermanito", la verdad es que no sé ni porqué te llamé, creo que con la resaca los personajes se me salen de cuadro, sácate de aquí y háblale al primero que encuentres en esta mansión y dile que su decimotercer Lord Byron esta sufriendo de inanición principal; anda Zacarinas, vete rápido que este recabrón lujo de la existencia me está matando; -aun no he dicho que Nuestro Autor vive en México Distrito Federal, en la colonia más rica de todas, que es dueño de noventa y seis casas, tres minas de carbón en Brasil una plantación de algodón en Chilpancingo y tres yates comprados y por comprar-; anda ve y dile a Nicolaievch Andropov, que necesito Valium para conciliar esta feroz mortaja que se llama realidad. Me siento de la chingada, y, hasta creo que se me deshonra el terreno y me hundo y me hundo en tu estúpida sonrisa y en tus fulgurantes ojos de cohete, que viene de bajada perdiendo brillo; ¡ándale cabrón! Que ya me siento Carlos Fuentes hablándoles de Tú a sus criados, ándale con un carajinski... -pero Zacarinas no se movía, se quedó congelado mirando el tiempo, y parece que el tiempo era el vacío y que, ese vacío, lo encontró entre los ojos de Nuestro Autor, que empezó a hacer gestos, pero se quedó ahí, perverso e inmutable; se quedó ahí, impávido y estúpidamente literario, estúpidamente absorto con un permiso que nadie le daba.
(…)
Nuestro Autor regresó a seguir nadando sobre sus sábanas, y se cobijó a mil mares sobre esa pasión llamada abstracción o por aquella otra llamada traición. "La traición es una abstracción", pensó, "Aaaaaahh pensar...", pensó. Nuestro Autor nació en el hospital más caro de México, en la sala de partos más cara del mundo y en medio de enfermeras rubitas y de ojos azules. Nuestro Autor es un Niño Bien, porque parece que todo lo hace bien; Nuestro Autor cae pesado en su nostalgia, y todo porque la palabra nostalgia le ha gustado tanto como un caramelo. Nuestro Autor desea escribir libros gordos, como los que aspiran al Premio Nobel, pero Nuestro Autor es honesto con los lectores y el diccionario; Nuestro Autor no puede crear mundos porque él es un mundo y Nuestro Autor no puede ser Nuestro Autor porque sería una irreflexión teórica el hecho de que así fuera, pero Nuestro Autor tiene una máquina de escribir y ésta lo tiene a él.
Se levantó como si dejase escamas sobre las azules sábanas, se desprestigió a si mismo como si metiera la cabeza y los ojos en un papel, se alisó los dedos como si fuera a escribir sobre el agua, y tecleó en la máquina lo siguiente:
-Por medio de la presente hago constar que recibí en el puerto de Acapulco a diecisiete señoritas revisadas y escanciadas...
Pero no firmaría ese recibo provisional hasta mañana que fuese a Acapulco. Había pensado ir con el Freddie, pero el Freddie estaba hecho una lata de sardinas descompuesta.
-Me vestiré, -se dijo, y metió la mano derecha a una camisa azul rey y la pierna derecha en un pantalón vaquero Pierre Cardin; se miró al espejo como un rito, y el rito se cumplió cuando se quitó lagañas y marasmos adquiridos durante el sueño. Se puso unos zapatos de piel de cocodrilo y, entre que pensaba si el desayuno le serviría de algo alcanzó a gritar: -¡Nicolaievich!
Un hombre delgado, pelirrojo, de uno setenta de estatura con uniforme blanco y negro, enfilado hacia el drama por culpa de unos lentes rectangulares, que parecían dos vagones unidos, se presentó ante sus ojos.
-¿Me llamó el señor? -preguntó nuestro personaje sacado de la peor película de ciencia ficción rusa.
-¿Por qué los criados siempre tienen que responder lo mismo?
-Porque usted así nos lo indicó, señor.
-Bien indicado, Nico. "



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