Juegos de familia (fragmento)Iain Banks

Juegos de familia (fragmento)

"Se encontraban en un funicular que iba desde aquel enorme edificio gris con gigantescas ventanas circulares hasta una isla coralina cercana a la costa que parecía llamarse Semosa, o Sarnosa, o Sentosa, o Samoa. No podían saberlo con exactitud porque, incluso cuando miraban directamente a los letreros del lugar, las letras parecían cambiar delante de sus ojos. («Sarnosa fue una especie de general fascista o algo así, ¿verdad?», «O uno de esos triángulos fritos. A mí no me preguntes».) La última vez que Alban miró el cartel, parecía poner «Lampedusa», lo cual era totalmente incorrecto. Ni siquiera se arriesgó a mencionárselo a Fielding.
No parece existir ninguna buena razón terrenal para que haya un funicular que vaya desde aquel edificio tan alto hacia esa isla tan plana que está junto a la costa, así que por eso es exactamente por lo que parece absolutamente necesario hacer el viaje, pero ahora el funicular cuelga detenido sobre las marrones y tranquilas aguas del canal que hay debajo, y allí están ellos, suspendidos bajo la abrasadora luz del sol, mirando hacia fuera, a través del cielo cubierto de neblina, hacia las lejanas torres del centro de la ciudad. Comparten la cabina con una docena de chinos y malayos y se ven obligados a susurrar, lo cual debe parecer intrínsecamente sospechoso, solo que Alban no parece tener una idea fiable de lo alto que están realmente hablando, y eso es un síntoma de paranoia por sí solo.
[...]
Pero estaban en mitad de una cálida noche intensamente húmeda, recorriendo las calles, entre el olor a mierda, fruta podrida y perfumes y en medio de los ecos de los edificios de baja altura, pisando sobre inquietas cucarachas del tamaño de ratones que parecían del tamaño de ratas aumentadas químicamente bajo el microscopio y pasando junto a repentinos patios donde un hombre diminuto, anciano y curtido está pelando lo que parece ser un mono sobre una tabla manchada de sangre, fumando mientras arranca el peludo pellejo del blanco y rosa que hay debajo, y puertas abiertas a templos revelan tipos en taparrabos rodeados de vapores e incienso y enormes ramos de flores, de pie, cantando, de cara a apenas visibles altares; instantáneas de imágenes mientras caminan con sus chaquetas sobre los hombros, con las camisas pegadas al cuerpo y pelo pegado al cuero cabelludo porque acaban de estar en un club y aún sienten calor de bailar y charlar con dos chicas que podrían no haber sido auténticas chicas y luego casi hubo una pelea y Alban tuvo que sacar a Fielding fuera de allí y la única melodía que pueden recordar del club es Block Rockin' Beats y es imposible refrescarse porque aquella humedad es como pasear llevando puesto un traje de natación mientras te riegan continuamente con una tetera hasta que llaman a un taxi solo por el aire acondicionado y se sientan a escuchar las alegres campanillas, campanillas, el ruido de campanillas que procede del aparato que hace ese ruido cuando sobrepasas el límite de velocidad en Singapur y Fielding insiste en que los lleven al zoo porque ha oído que allí tienen osos polares metidos en una enorme cámara que se mantiene al mismo tipo de temperatura constante y fría que es aceptable para el mayor depredador terrestre estándar de las regiones árticas. "



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