Número cero (fragmento)Umberto Eco

Número cero (fragmento)

"—El señor Rossi, de cuarenta y un años, funcionario del ayuntamiento, que podría haber estado en el banco cuando estalló la bomba, nos ha dicho: «Estaba bastante cerca y he oído la explosión. Horrible. Detrás de esto hay alguien que quiere pescar en río revuelto, pero nunca sabremos quién». El señor Bianchi (barbero de cincuenta años) pasaba también él por los alrededores en el momento de la explosión, que recuerda ensordecedora y terrible, y ha comentado: El típico atentado de cuño anarquista, no caben dudas.
—Excelente. Señorita Fresia, llega la noticia de la muerte de Napoleón.
—Bueno, diría que el señor Blanche, no comentemos edad y profesión, nos dice que quizá fue injusto encerrar en aquella isla a un hombre acabado, pobrecillo, también él tenía familia. El señor Manzoni, o mejor dicho, Mansoní, nos dice: «Ha desaparecido un hombre que ha cambiado el mundo, del Manzanares al Rin, un gran hombre».
—Bueno lo del Manzanares —sonrió Simei—. Claro que hay otros medios para hacer pasar opiniones sesgadamente. Para saber qué poner en un periódico hay que fijar, como se dice en las demás redacciones, la agenda. Hay una infinidad de noticias que dar en este mundo, pero ¿por qué se debe decir que ha habido un accidente en Bérgamo e ignorar que ha habido otro en Messina? No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia. Aquí tenemos un diario de anteayer. En la misma página: Milán, arroja al hijo recién nacido al váter; Pescara, el hermano no tiene que ver con la muerte de Davide; Amalfi, acusa de fraude a la psicóloga que trataba a la hija anoréxica; Buscate, sale del reformatorio tras catorce años el joven que mató a un niño de ocho cuando tenía quince. Las cuatro noticias aparecen todas en la misma página, y el título de la página es «Sociedad Niños Violencia». Sin duda se habla de actos de violencia en los que está implicado un menor, pero se trata de fenómenos muy distintos. En un solo caso (el infanticidio) se trata de violencia de padres sobre hijos; el asunto de la psicóloga no me parece que concierna a los niños porque no se indica la edad de esa hija anoréxica; la historia del chico de Pescara prueba, si acaso, que no ha habido violencia y el chico murió accidentalmente; y, por último, el caso de Buscate, si lo leemos bien, concierne a un cachas de casi treinta años, y la noticia verdadera es la de hace catorce años. ¿Qué quería decirnos el periódico con esta página? Tal vez nada intencionado; un redactor perezoso se ha encontrado entre manos cuatro despachos de agencia y le ha resultado cómodo juntarlos, porque quedaba más resultón. Pero la verdad es que el periódico nos transmite una idea, una alarma, un aviso, qué sé yo… Y en cualquier caso, piensen en el lector; tomadas una por una, estas cuatro noticias lo dejarían indiferente, todas ellas juntas lo obligan a quedarse en esa página. ¿Lo ven? Ya sé que se ha pontificado mucho sobre el hecho de que los periódicos escriben siempre obrero del sur agrede a compañero de trabajo y jamás obrero del norte agrede a compañero de trabajo; vale, vale, se trata de racismo, pero imaginen ustedes una página en la que se dijera: obrero de Cuneo, etcétera, etcétera; jubilado de Venecia mata a la mujer; quiosquero de Bolonia se suicida; albañil genovés firma un cheque sin fondos; ¿qué puede importarle al lector dónde ha nacido toda esa gente? Mientras que si estamos hablando de un obrero calabrés, de un jubilado de Matera, de un quiosquero de Foggia y de un albañil palermitano, entonces se crea preocupación en torno a la criminalidad del sur y eso hace noticia… Estamos en un periódico que se publica en Milán, no en Catania, y debemos tener en cuenta la sensibilidad de un lector milanés. Fíjense que hacer noticia es una buena expresión, la noticia la hacemos nosotros, y hay que saber hacerla ver entre líneas. Dottore Colonna, en las horas libres póngase a hojear con nuestros redactores despachos de agencia, y construyan algunas páginas temáticas, ejercítense en hacer surgir la noticia allá donde no existía o donde no se acababa de ver, ánimo. 
Otro argumento fue el del desmentido. Éramos todavía un periódico sin lectores y, por lo tanto, se diera la noticia que se diera, no habría nadie para desmentirla. Ahora bien, un periódico se mide también por la capacidad de hacer frente a los desmentidos, sobre todo si es un periódico que demuestra no tener miedo de meter las manos en la podredumbre. Además de prepararnos para cuando llegaran los desmentidos verdaderos, había que inventar algunas cartas de lectores a las que siguieran nuestros desmentidos. Para que nuestro financiador viera de qué pasta estábamos hechos. "



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