Némesis (fragmento)Philip Roth

Némesis (fragmento)

"Por la mañana subió el material desde el almacén, organizó dos equipos y puso en marcha un partido de softball para el grupo de niños que se habían presentado a jugar y que era inferior a veinte. Entonces volvió al sótano para llamar a O’Gara desde su despacho y decirle que dejaba su trabajo al final de la semana y que iba a ocupar un puesto de director de deportes acuáticos en un campamento de verano en las montañas Poconos. Aquella mañana, antes de salir de casa, había oído por la radio la noticia de que había veintinueve casos nuevos de polio en la ciudad, dieciséis de ellos en Weequahic. —Esta mañana eres el segundo —le dijo O’Gara—. Tengo a un tipo judío trabajando en el centro de la avenida Peshine que también me abandona. O’Gara era un viejo cansado, de abdomen voluminoso y modales hostiles, que llevaba años dirigiendo los centros de verano de la ciudad y cuya habilidad como jugador de fútbol americano en Central High en la época de la Primera Guerra Mundial seguía constituyendo la culminación de su vida. Su brusquedad no implicaba dureza necesariamente, pero desconcertó al señor Cantor, que se sentía poco de fiar y se esforzaba como un niño en buscar las palabras que justificaran su decisión. La brusquedad de O’Gara no era diferente a la de su abuelo, tal vez porque ambos la habían adquirido en las mismas calles peligrosas del Distrito Tercero. Por supuesto, su abuelo era la última persona en la que quería pensar mientras hacía algo tan contrario a su forma de ser. Quería pensar en Marcia, en los Steinberg y en el futuro, pero allí estaba su abuelo pronunciando el veredicto con una ligera entonación irlandesa. —Al hombre cuyo puesto voy a ocupar lo han reclutado —replicó el señor Cantor—. He de partir el viernes hacia el campamento. —Esto es lo que me pasa por darte un buen empleo tan solo un año después de haber salido de la universidad. Comprenderás que no te has ganado exactamente mi confianza gastándome una broma así. Comprenderás que si me dejas en la estacada, y en julio nada menos, no es probable que tenga ganas de contratarte nunca más, Cáncer. —Cantor —le corrigió el señor Cantor, como lo hacía siempre cuando hablaban. —Me tiene sin cuidado la cantidad de hombres que se incorporan al ejército —dijo O’Gara—. No me gusta que me dejen plantado en pleno verano. —Y entonces añadió—: Sobre todo, hombres que no están en el ejército. —Siento marcharme, señor O’Gara, y... —hablaba en un tono más agudo de lo que se había propuesto— siento no estar en el ejército, lo siento más de lo que usted cree. —Para empeorar las cosas, añadió—: He de irme. No tengo elección. —¿Qué? —replicó O’Gara—. ¿No tienes elección? Pues claro que la tienes. Lo que estás haciendo se llama elegir. Estás huyendo de la polio. Firmaste un contrato de trabajo, y luego aparece la polio y mandas al infierno el trabajo y el compromiso, pones pies en polvorosa. Huyes, Cáncer, un hombre musculoso, un campeón mundial como tú. Eres un oportunista, Cáncer. Podría decir cosas peores, pero eso será suficiente. —Y entonces repitió con repulsión—: Un oportunista —como si la palabra condensara todos los instintos degradantes que podrían estigmatizar a un hombre. —Mi prometida está en el campamento —replicó el señor Cantor de manera poco convincente. —Tu prometida ya estaba en el campamento cuando firmaste el contrato en Chancellor. —No, no, entonces no estábamos prometidos —se apresuró a decir, como si eso supusiera alguna diferencia para O’Gara—. Nos hemos prometido esta semana. —De acuerdo, tienes una respuesta para todo. Como el tipo de Peshine. Vosotros los jóvenes judíos tenéis todas las respuestas. No, no sois estúpidos..., pero tampoco lo es O’Gara, Cáncer. De acuerdo, de acuerdo, encontraré a alguien que te sustituya, si hay alguien en esta ciudad capaz de sustituirte. Entretanto, pásatelo en grande tostando malvavisco con tu novia en ese campamento infantil. No fue menos humillante de lo que había pensado que sería, pero lo había hecho y ya estaba superado. Solo tenía que pasar tres días más en el centro sin contraer la polio. "


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