Laura (fragmento)Pío Baroja

Laura (fragmento)

"Su padre antes de casarse era muy pobre. El abuelo suyo se había quedado con muchas hijas en un pueblo de Macedonia. La griega pronunciaba Makedonia. En el país, según ella, se casaban las hijas solamente cuando tenían dote; si no la tenían no se casaban.
Entonces el abuelo, que regentaba un pequeño comercio, creyó resolver el asunto familiar metiéndose en negocios de contrabando en combinación con algunos granujas. Ganó al principio algún dinero, después fue preso y estuvo en la cárcel dos años.
Su mujer hizo gestiones para casar a la hija mayor y como contaba con pocos medios encontró para marido un joven inútil, holgazán, especialista en no hacer nada: el padre de Elena. Se casaron y decidieron marcharse a América.
Fueron a Nueva York, la madre trabajaba lo que podía y el padre vagabundeaba. Ella sentía cariño por su padre, a pesar de su inutilidad manifiesta. Entró en el colegio y fue una buena discípula. Su padre y sobre todo su hermano le decían: «Debes trabajar y no estudiar. ¿Para qué estudiar? Eso es solo bueno para ricos».
Cuando salía del colegio la ponían a vender bombones por la calle.
«Nada, nada; hay que trabajar todo el día —le recomendaban el padre y el hermano— y no perder el tiempo.»
El padre lo hacía por su idea de aldeano griego de considerar absurdo que una mujer estudiara. El hermano obraba por egoísmo.
Pretendieron sacar a Elena de la escuela. No lo consiguieron. Había que contar con la dirección de un comité de profesores que se opuso. Ya de adolescente, Elena fue al Liceo y acabó sus estudios.
Llevaba una vida de un trabajo difícil. A los dieciséis años, por la mañana daba lecciones, por la tarde iba de asistenta a una casa a barrer y a limpiar suelos; luego encontró otra ocupación por la noche. Los amos, que eran cómicos, salían y dejaban la casa sola, ella les reemplazaba y le pagaban por esto.
Con el dinero que daba a su familia, su hermano pudo terminar la carrera de médico. Este gran egoísta, no quería que su hermana hiciera una vida independiente, sino que fuera a vivir con él y le sirviera de ama de llaves. Ella no quiso, él se ofendió, se estableció y no apareció por la casa jamás, ni dio nada a la familia.
La griega siguió adorando al padre y a la madre, que le querían imponer su criterio para la vida y hasta un matrimonio con un compatriota ya viejo.
Elena tenía un compañero de Liceo que era su prometido y quedaron en casarse a pesar de la oposición de la familia.
El idilio amoroso duró algún tiempo y se casaron. A los dos años de matrimonio vio a su marido siempre en compañía de una amiga muy bonita. Su marido y la amiga se veían constantemente, iban juntos al teatro y a hacer excursiones. "



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