Una novela de barrio (fragmento)Francisco González Ledesma

Una novela de barrio (fragmento)

"Loscertales salió protegido del portal, mientras Miralles abría la puerta del coche y se cruzaba en el camino de cualquier bala que viniera desde el otro lado de la calle. Pero no podía protegerle contra una bala que llegara desde la misma esquina o de arriba. El leve taponazo del fusil con silenciador apenas se oyó, ahogado por los mil ruidos de la calle. Todo estaba parado por los atascos, pero la muerte viajó en millonésimas de segundo.
¡PLAC!
Fue un puro instinto animal el que advirtió a Miralles del peligro. Instinto de tigre, o mejor de serpiente amenazada. El golpe que propinó a Loscertales sólo llegó a ser un roce, pero le desvió la cara.
El proyectil le acarició y rozó también la mano izquierda de Miralles. Ésta sufrió un espasmo que la convirtió durante segundos en una garra.
Y el silencio. De pronto, deja de existir hasta el ronquido de los coches que avanzan desde el semáforo. La gente deja de andar, las motos se detienen, como suspendidas en el aire. El mundo entero se mete de pronto en una burbuja donde no queda más que silencio.
Un segundo. Dos. La burbuja se rompe.
No ha pasado nada, nadie se ha dado cuenta de nada. El mundo empieza a girar de nuevo, y con el mundo gira otra vez el cerebro de Miralles, que piensa en un instante tres posibilidades. Primera, el tirador no debe de ser demasiado bueno, de lo contrario no habría fallado por milésimas. Segunda, sería inútil perseguirle, y además no es ésa su misión. Tercera, la protección también ha fallado.
Hubo una descolocación, el punto por el que vino la bala tenía que haber estado cubierto por Eva Expósito. Eva estaba medio paso más atrás de lo que le correspondía, y dejaba la cabeza del protegido en blanco.
Miralles empuja aquella cabeza hacia el interior del coche. "



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