Miscelánea (fragmento)Theodor Adorno

Miscelánea (fragmento)

"Permítanme señalarles algunos de estos momentos. Hablaba de la sorprendente afición a explicar e interpretar bienes culturales existentes. Sería el último en ignorar que absorberse en textos importantes, darse con alegría al estudio de los mismos, a menudo resulta fecundo. Pero, comparada con aquella necesidad de reorientación intelectual que en la situación alemana tan insoslayable resulta, la pasión intelectual tiene manifiestamente poco que ver con las verdaderas cuestiones a las que tal reorientación habría de atender. A pocos les interesa saber si la misma conciencia progresiva que constantemente echa por el precipicio tantos significados y tantas normas, sería capaz de detener el horror que ella misma desencadena. Pocos se esfuerzan por conocer las leyes que produjeron la reciente calamidad para el concepto de una organización verdaderamente humana del mundo y su fundamentación teórica, o aun analizar las posibilidades reales que hoy se ofrecen a una realización material de la libertad. No es que los hombres sean incapaces de plantearse estas cuestiones —al contrario, en los momentos en que alguien logra hacerlas patentes y orientar así la conciencia hacia ellas, a menudo se cree que se ha logrado resolver algo, que ha acontecido una liberación—, pero es raro que les conciernan directamente. Es como si los hombres viviesen intelectualmente hechizados. La ausencia de libertad y la creencia en la autoridad de lo que simplemente está ahí se instalan en la conciencia general. Nadie se atreve a entrar en las cuestiones apremiantes, candentes, que en verdad todos conocen. Casi se tiene la sensación de que pensar en cosas que trascienden el círculo de lo existente y aprobado constituye un desafuero. Se prefiere ir a las cosas ya definidas o discutir lo que casualmente alguien encuentra, como si tal fuese lo que Dios manda, y siempre complaciéndose en la sagacidad y agilidad del propio espíritu sin considerar adónde este mira. A menudo no puedo evitar la impresión de que, con todas las ilusiones y expectativas que lo envuelven, el pensamiento se entretiene en cosas vagas, irreales, en el juego del espíritu consigo mismo, y veo el peligro de la esterilidad. "


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