La boca pobre (fragmento)Flann O'Brien

La boca pobre (fragmento)

"Sí, siempre recordaremos aquella fiesta en Corca Dorcha, y la diversión que tuvimos mientras duró. La noche anterior al gran día, una cuadrilla estuvo trabajando diligentemente bajo la lluvia para levantar un estrado junto al alero de nuestra casa, mientras el Viejo permanecía sin mojarse, resguardado en el umbral y dirigiendo el trabajo con instrucciones y buenos consejos. Ninguno de aquellos hombres volvió a tener nunca buena salud después del chaparrón y la tormenta de aquella noche, y uno que no sobrevivió fue enterrado antes de que se desmontara el estrado sobre el que había dado su propia vida por la causa de la lengua gaélica. ¡Ojalá que hoy esté sano y salvo en el estrado del Cielo!
Por aquel entonces yo tenía aproximadamente quince años, y era un muchacho triste y enfermizo, con algún diente partido, que crecía tan deprisa que siempre estaba débil y sin salud. Creo que no puedo recordar tantos extranjeros y señores distinguidos reunidos en un mismo punto de Irlanda antes o después de aquella ocasión. Vino un sinnúmero de ellos de Dublín y de la ciudad de Galway, y todos vestían ropas respetables de buena confección; también había unos pocos individuos que no llevaban pantalones, sino enaguas de mujer. Se dijo que lo que llevaban era el atuendo gaélico, y de ser eso cierto, hay que ver lo que se cambia de aspecto como consecuencia de unas palabras gaélicas metidas en la cabeza. Había hombres ataviados con sencillos vestidos sin ornamentos: creo que estos sabían poco gaélico; otros lucían tanta nobleza, finura y elegancia en sus ropas de mujer que era evidente que hablaban con fluidez el gaélico. Me dio mucha vergüenza que no hubiera ni un solo gaélico verdadero entre nosotros, los habitantes de Corca Dorcha. Aún tenían otra cualidad de la que nosotros carecíamos desde que perdimos la verdadera gaelicidad: no usaban nombres y apellidos, sino títulos honoríficos que cada cual se había autoconcedido inspirándose en el cielo y el aire, la granja y la tempestad, el campo y las gallinas. Había un tipo gordo, torpe de movimientos, y con la cara gris y fofa, que parecía encontrarse entre las defunciones de dos enfermedades mortales, y él mismo se había dado el título de «La Margarita Gaélica». Otro pobre hombre que tenía el tamaño y las fuerzas de un ratón se hacía llamar «El Toro Fornido». Además de los ya mencionados, recuerdo que estaban presentes todos estos caballeros. "



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