La Squaw (fragmento)Bram Stoker

La Squaw (fragmento)

"Y atravesamos la alta y oscura arcada y llegamos a la puerta del Kaiserburg.
Cuando salimos de nuevo, tras nuestra exploración de aquel hermoso lugar antiguo, que ni siquiera los bienintencionados esfuerzos de los restauradores góticos de hace cuarenta años habían logrado estropear (pese a que esta restauración era de un blanco brillante), parecíamos haber olvidado por completo el poco placentero episodio de la mañana. El viejo tilo con gran tronco retorcido por el paso de casi nueve siglos, profundo pozo excavado en el corazón de la roca por aquellos cautivos de la antigüedad y la hermosa vista desde las murallas de la ciudad en las que oímos, durante casi un cuarto de hora, el sonido de los múltiples carillones.... todo había contribuido a borrar de nuestras mentes el incidente del gatito muerto.
Éramos los únicos visitantes que habían entrado aquella mañana en la Torre de las Torturas, al menos eso es lo que nos dijo el viejo guardián, así que teníamos el lugar para nosotros solos, y pudimos llevar a cabo una visita mucho más detallada y satisfactoria de lo que habría sido posible en otras circunstancias. El guardián, viendo en nosotros la única fuente de ingresos de aquel día, se mostró dispuesto a cumplir todos nuestros deseos. La Torre de las Torturas es ciertamente un lugar opresivo, incluso ahora, cuando muchos millares de visitantes le han dado una cierta chispa de vida y la alegría que ella comporta. Pero en aquel tiempo al que yo me refiero aún mantenía su aspecto más primitivo y terrible. El polvo de los siglos parecía estar en todas partes, y la oscuridad y el horror de sus recuerdos parecían haberse hecho sensibles de una forma que hubiera satisfecho a las almas panteístas de Filo o Espinoza. La cámara inferior, por la que entramos, estaba al parecer normalmente en tinieblas, y hasta la cálida luz diurna que entraba a chorros por la puerta parecía perderse en el grosor de las paredes, y solo mostraba los burdos ladrillos tal y como los había dejado el constructor, pero cubiertos de polvo y teñidos aquí y allá por manchas oscuras que, si las paredes pudieran hablar, habrían contado terribles recuerdos de miedo y sufrimiento.
Por todo ello, nos sentimos satisfechos al subir por la polvorienta escalera de madera, dejando el guardián abierta la puerta exterior para que nos iluminase algo el camino, pues, para nuestros ojos, la única y maloliente vela colocada en un candelabro clavado a la pared no daba bastante luz. Cuando salimos por la trampilla de un rincón de la cámara superior, Amelia se apretó tan fuertemente contra mí que pude notar cómo palpitaba su corazón.
Por mi parte debo decir que no me sorprendió su temor, Pues esa sala aún era más terrible que la que acabábamos de abandonar. Ciertamente, aquí había más luz, pero esto sólo contribuía a que pudiésemos contemplar mejor los horribles detalles del lugar. Evidentemente, los constructores de la torre habían pensado que sólo los que llegasen a la cima debían beneficiarse de la luz y de la visión, pues en todo el resto de la torre solo había algunas estrechas troneras como las de las construcciones militares medievales. "



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