Hicieron partes (fragmento)José Luis Castillo-Puche

Hicieron partes (fragmento)

"Al cabo de media hora sonó el timbre del teléfono y se abrió la ventanilla de golpe. Cada billete lo despachaba el empleado con un estruendo terrible. Parecía todavía medio dormido y el malhumor lo dominaba.
Pitó el tren, ya cercano, y todos los de la cola se pusieron nerviosos.
—No pasa nada —gritó el empleado de la ventanilla—. Nadie se va a quedar en tierra. Lo que debían de hacer es llevar calderilla preparada.
Juana y Frasquito no montaron hasta que el tren estuvo bien quieto. Los que venían del pueblo vecino venían amodorrados, como bestias enfermas. Ninguno se movía.
Las campanas del pueblo dieron las seis y las de la parroquia empezaron su repiqueo hondo, lento y lúgubre. La campana de la estación dio el aviso. Después de unos cuantos traqueteos hacia adelante y hacia atrás, el trenecillo pequeño y fantasmal se puso en marcha. Era el suyo un movimiento rítmico, como el de los sacristanes cuando rezan monótonamente el Rosario.
El vagón estaba helado. Por debajo de los asientos se colaba el frío, agarrotando los pies. El viento que chocaba contra las temblequeantes ventanillas sollozaba penosamente.
Los pájaros que se levantaban de los surcos parecían asustados y se paraban torpemente en las desnudas ramas de los árboles, como buscando un refugio protector. Había muy pocos árboles.
Era un paisaje seco, resquebrajado, doliente.
La tierra estaba como cortada en franjas y planos. Unas franjas eran rojizas, como desperdicios de una matanza colosal. Había trozos amarillos que parecían pellejos secos, acartonados. También había planos superpuestos de piedras redondas muy pequeñas, como si se estuviera amontonando una cosecha de maldición. Los cuervos volaban por encima del tren pesadamente.
A ratos el tren cruzaba tierras de viñedos y olivares y en los rastrojos crecían higueras y almendros. El tren no marchaba en línea recta. Se retorcía, por entre colinas pardas y montecillos pelados. De tarde en tarde se divisaba en el horizonte algún carro o algún rebaño de cabras. Las mulas ponían las orejas tiesas y los perros salían ladrando detrás del vagón de cola en cuya torreta se veía la silueta abrigada de un hombre. "



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