Historia de la estética (fragmento)Wladyslaw Tatarkiewicz

Historia de la estética (fragmento)

"El concepto hedonístico de belleza, predicado por Epicuro, tiene dos variantes. La primera afirma que la belleza
se identifica con el placer, que no existe belleza donde no hay placer; la diferencia entre lo bello y el placer se reduce a una diferencia verbal. «Si hablas de la belleza,
estás hablando de placer; pues difícilmente podría ser la belleza belleza, si no fuera, muy placentera» Según la segunda variante, la belleza está vinculada con el placer, pero no son idénticos; la belleza tiene valor sólo cuando proporciona placer y sólo en este caso hay que cuidarse de ella. Epicuro expresa esta idea de manera aún más radical: desprecia la belleza que no produce placer y a los hombres que
admiran en vano tal belleza. Ambas variantes están entrelazadas con el hedonismo, pero difieren entre sí de manera esencial. Según la primera, toda belleza depende del placer y tiene, por tanto, su valor, mientras que conforme a la segunda, existe también una belleza que no proporciona placer, y, por tanto, carece de valor.
Es difícil juzgar quién es el responsable de esta inconsecuencia, si los informadores (Ateneo y Máximo de Tiro) o el propio Epicuro quien, por no apreciar la belleza, puso poco esmero en investigarla. Una inconsecuencia semejante aparece también en la opinión de Epicuro y de su escuela sobre la evaluación del arte. Por un lado sostienen que el arte es producto de las cosas útiles y agradables y, por otro,
que el arte sólo tiene razón de ser cuando produce cosas útiles y agradables.
En base a estas premisas, la escuela epicúrea pudo haber creado una estética hedonista, en el espíritu de los sofistas la de Demócrito, al que los epicúreos estaban próximos bajo muchos aspectos. Pero no lo hizo así porque en el arte y en la belleza no reconocían ningún placer. La primera tesis de los epicúreos afirma que el arte tiene valor si proporciona placer. Mas su segunda tesis sostiene que el arte no proporciona verdadero placer, por lo cual no tiene ningún valor. Y como no lo tiene, no vale la pena ocuparse de él.
Según Epicuro, todo lo que hace el hombre corresponde a una «necesidad», existiendo necesidades prescindibles e imprescindibles. A su modo de ver, la belleza no se halla entre las necesidades imprescindibles. También el arte, a su juicio, es superfluo, ya que el hombre ha prescindido de él durante mucho tiempo; el arte surgió muy tarde, según sostienen sus discípulos. Los epicúreos afirman que el arte no posee ni siquiera la virtud de ser autosuficiente. Lo toma todo de la naturaleza, el hombre es incapaz de hacer nada por sí mismo, lo tiene que aprender todo de la naturaleza.
Por estas razones, los epicúreos no apreciaban el arte en absoluto. El creador de la escuela solía llamar a la música y a la poesía «ruido» y sus discípulos no aceptaban según informa Cicerón, perder el tiempo en leer a los poetas que no ofrecen ningún «sólido provecho». Epicuro llegó a considerar la poesía como nefasta, por cuanto creaba mitos. Igual que Platón, aunque partiendo de otras premisas, creía que los poetas deben ser alejados del Estado y admitía finalmente que una persona inteligente puede frecuentar el teatro, pero siempre con la condición que lo trate como una diversión y no como cosa seria. Al referirse a la música, los epicúreos
solían citar un verso que decía que la música «causa pereza, embriaguez y ruina». "



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