El velero de cristal (fragmento)José Mauro de Vasconcelos

El velero de cristal (fragmento)

"Más cansado aún, retornó casi de espaldas. Ahora sí. El pecho le dolía de cansancio. Y necesitaba mucha cala. Si llegaba a caer se golpearía mucho porque las piernas débiles y la carne quedarían apretadas contra los aparatos ortopédicos.
Sintió una terrible desesperación y hasta quiso decir parábolas, palabras duras, feas. La lengua se empastaba en su boca y ninguna palabrota escapaba de su garganta. Mal pudo
mirar al cielo y decir la única palabra que consiguió pronunciar.
Culo… cu… lo…
Tragó entrecortadamente, desesperado, e intentó calmarse.
Si por lo menos pudiera bajarme como cualquier niño. Sería tan fácil…
Una miserable cuerdita lo sujetaba como si se tratara de la mayor cadena del mundo.
Trató de controlarse para intentar un nuevo movimiento de suspensión de la pierna. Iba yendo, iba yendo…
En ese momento soltó un rugido de dolor. Con el esfuerzo, la cuerda había penetrado el aparato ortopédico. Cada vez estaba más preso. Ya no podía hacer nada más. Sólo esperar. El sol calentaba su cuerpo débil y empapaba de transpiración su espalda. Los ojos le ardían por efectos de la claridad. Comenzó a refunfuñar, como si esto le proporcionaba un efecto de calma. Necesitaba fingir que no sentía las axilas ardientes por el apoyo de la muleta. Tanto esfuerzo. Tanto deseo de dar apenas un pequeño paseo, terminaba ridículamente. Comenzó a sollozar. Aunque quisiera gritar, no encontraría voz para hacerlo; necesitaba ahorrar esfuerzos; apretar un brazo contra el otro para soportar el dolor que le producía la muleta.
Aunque se lastimara un poco evitaría que el cuerpo perdiera el equilibrio. Hasta lloraba abajito para no fatigarse. Y las lágrimas descendían por su rostro alcanzado el cuello de la camisa.
Así fue como lo encontró Anna más tarde. "



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