El reino de las mujeres (fragmento)Anton Chejov

El reino de las mujeres (fragmento)

"La soledad y la idea de que su belleza, su salud y su riqueza eran sólo un engaño comenzaron a agobiarla, tal y como le ocurría siempre en todas las fiestas. Creía que estaba de más en este mundo porque nadie la necesitaba y nadie la quería. Deambuló por todas las habitaciones canturreando y mirando por las ventanas. Al llegar a la sala no pudo evitar hablar con Mishenka:
—No sé, Misha, qué idea tiene usted de sí mismo —dijo ella con un suspiro—. Créame que Dios le castigará por su manera de proceder.
—¿A qué se refiere?
—Bien sabe usted a qué. Perdone que me meta en sus asuntos personales, pero me parece que está destrozando su vida por culpa de su tozudez. Estará de acuerdo conmigo en que ya tiene usted edad de casarse y ella es una chica digna y encantadora. No encontrará otra igual. Es hermosa, inteligente, humilde, abnegada y ¡qué figura tiene! Si perteneciera a nuestros círculos, quedarían prendados de sus maravillosos cabellos pelirrojos. ¡Mire cómo hacen juego sus cabellos con el tono de su cara! ¡Ay, Dios mío! ¡Usted no comprende nada y no sabe realmente lo que necesita! —exclamó con amargura Anna Akimovna y las lágrimas brotaron en sus ojos—. ¡Pobre chica! ¡Me da tanta pena! Estoy al tanto de que usted quiere encontrar una joven adinerada, pero ya le he comentado que yo me encargo de la dote de Masha.
Mishenka se imaginaba a su futura esposa como una mujer alta, gruesa, seria, piadosa, con andares de pavo real y un largo chal en los hombros y Masha era delgada, fina, apretada por el corsé, su andar era corto y, lo más importante, demasiado atractiva. Debido a esto, Mishenka de vez en cuando se sentía atraído por ella, pero esa atracción, en su opinión, no era buena para el matrimonio sino sólo para dejarse llevar por la lujuria.
Cuando Anna Akimovna le prometió pagar la dote, a Misha le asaltó la duda. Un estudiante pobre que llevaba puesto un abrigo marrón por encima de la casaca y que venía a traerle a Anna Akimovna una carta, admirado por la belleza de Masha, no pudo contenerse y la abrazó en la planta de abajo cerca del guardarropa. No obstante, éste fue rechazado por ella. Mishenka observó el episodio en lo alto de la escalera y desde ese momento comenzó a sentir repugnancia hacia ella. ¡Pobre estudiante! Si la hubiera abrazado un estudiante rico o un oficial quizás las consecuencias hubieran sido totalmente diferentes. "



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