Media vida (fragmento)V. S. Naipaul

Media vida (fragmento)

"El director del periódico siguió como estaba, sin moverse, mirando al suelo, dejando correr las lágrimas, y volvió a hacerse el silencio. La fiesta había acabado. Al despedirse, la gente hablaba en susurros, como en un hospital. El poeta y su esposa se marcharon: como si no hubieran estado allí. Serafina se levantó, recorrió la habitación con la mirada sin ver a Richard, y se llevó a Peter. Marcus susurró:
—Venga, Perdita, te ayudo a recoger.
Willie sintió una punzada de celos, y le sorprendió; pero no dejaron que ni Marcus ni él se quedaran.
Al despedirlos en la puerta de la casita, Roger ya no parecía preocupado. Dijo en tono malicioso, sin alzar la voz:
—Me dijo que quería conocer a mis amigos de Londres, pero yo no sabía que quisiera público.
Al día siguiente Willie escribió un relato sobre el director del periódico. Lo situó en la ciudad india —con una cuarta parte de realidad que utilizaba en sus escritos, y adaptó el personaje del director al santón que ya aparecía en otros relatos. Hasta entonces se veía al santón desde fuera: ocioso y siniestro, viviendo a costa de los desventurados, acechante en su ermita como una araña. Pero de pronto el santón empezó a mostrar su propia desdicha: aprisionado en su forma de vida, desea escapar de la ermita, y le cuenta su historia a un viajero llegado de muy lejos, alguien que pasa por allí y que difícilmente volverá. El ambiente del relato era como el de la historia que había contado el director del periódico. La esencia era como lo que Willie había oído contar a su padre durante muchos años.
Creciendo entre sus manos, el relato cogió a Willie por sorpresa. Le proporcionó una nueva perspectiva de su familia y su vida, y durante los días siguientes encontró material para muchos relatos de un carácter distinto. Parecía como si los relatos estuvieran esperándole: le extrañó no haberlos visto antes, y escribió rápidamente durante tres o cuatro semanas. Después, la escritura empezó a llevarle a cosas difíciles, cosas a las que no podía enfrentarse, y lo dejó.
No volvió a escribir. No se le ocurrió nada más. La inspiración de las películas se había agotado tiempo atrás. Mientras duró, le parecía tan fácil que a veces le preocupaba que otros hicieran lo mismo: sacar ideas para relatos, o momentos dramáticos, de El último refugio, Al rojo vivo y La infancia de Máximo Gorki. Ahora que ya no pasaba nada, se preguntaba cómo había hecho lo que había hecho. En total, había escrito veintiséis relatos. El número de páginas ascendía a unas ciento ochenta, y se sintió decepcionado al ver el escaso resultado de tantas ideas, tanta escritura y tanto entusiasmo. "



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