El delirio de Turing (fragmento)Edmundo Paz Soldán

El delirio de Turing (fragmento)

"Los documentos de la carpeta que tiene en sus manos hablan de la Operación Turing. Había leído las primeras páginas sin prestarles mucha atención; Albert, después de todo, estaba obsesionado con Turing, y antes de darle ese nombre a Sáenz había bautizado así una sala de la Cámara y un par de operaciones secretas. Ramírez-Graham no tarda en darse cuenta de que la Operación se refiere al Turing que conoce, al jefe del Archivo. Un hombre al que ve como su abuelo, un anciano inservible al que más le valdría jubilarse.
Termina el Old Parr. Supersónico gruñe al viento, que se estrella en las ventanas de la habitación. Poco a poco, Ramírez-Graham va descubriendo que entre 1975 y 1977 hubo ciertos mensajes interceptados que llegaron a manos de Albert y fueron enviados directamente a Turing. El argumento: eran particularmente difíciles, y Albert no quería perder el tiempo dejando que otros analistas se embrollaran tratando de resolverlos; Turing se había convertido con rapidez en su brazo derecho, y Albert lo creía poco menos que infalible.
Parpadea la luz de la lámpara, se desdibujan las imágenes del televisor. Otro apagón de GlobaLux. Ramírez-Graham cierra la carpeta e intenta resignarse. Paciencia, paciencia. Con razón todos son tan religiosos aquí.
Es imposible: jamás podrá acostumbrarse a tantas molestias. Quiere dedicarse a su trabajo y no preocuparse sin la infraestructura se está cayendo a pedazos.
Diez minutos después, vuelven la luz de la lámpara y las imágenes de la televisión.
Abre la carpeta que estaba leyendo. Hay algo que no lo convence del todo. Para que un mensaje secreto sea considerado difícil, primero se debe intentar resolverlo. ¿O es que Albert era capaz de decidir de un vistazo cuán difícil era un mensaje? Además, por lo que sabía, Turing no era muy afecto a la computadora: trataba de descifrar mensajes con lápiz y papel, como si el verdadero Turing jamás hubiera existido, como si el criptoanálisis no se hubiera mecanizado más de medio siglo atrás. Un mensaje en verdad difícil necesitaba ser atacado con la fuerza bruta de una Cray. Una vez encontrados ciertos puntos débiles en el mensaje, el analista entraba en escena. Aun así, muchos mensajes se quedaban sin ser descifrados. Y sin embargo, Turing había resuelto todo lo que Albert había puesto en su mesa. O quienes encriptaban mensajes en Bolivia en los años setenta lo hacían de forma rudimentaria, lo cual era muy posible, o Turing era uno de los criptoanalistas naturales más brillantes en la historia del criptoanálisis.
Hay algo que no cuaja del todo. Debe seguir leyendo.
La lámpara y el televisor se apagan. Se levanta del sillón. Busca a tientas su celular. No sabe a quién llamar, qué hacer.
En la penumbra de su departamento, imagina a Turing hace veinticinco años, el rostro sin arrugas, trabajando en la plenitud de sus poderes en la Cámara Negra. Lo imagina en una oficina llena de papeles, recibiendo las carpetas que le entrega Albert, poniéndose de inmediato manos a la obra, dispuesto una vez más a no decepcionar a quien confía tanto en él. "



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