Andersonville (fragmento)MacKinlay Kantor

Andersonville (fragmento)

"En ocasiones Ira Claffey era víctima de una compulsión que lo arrastraba a caminar por el bosque desde su plantación. Acaeció a las ocho de la mañana del veintitrés de octubre; respondió y cedió a la llamada, coronando el valle de la serpiente situado al límite de su campo de dulces patatas y alejándose entre los pinos.
Ira Claffey no había contratado a nadie que le vigilara desde el primer año de la guerra y se había levantado temprano esa mañana para atender su campo de patatas. Sólo quedaban siete personas y media, entre la casa y el campo, de un total de doce almas de color. Los otros cuatro eran un bebé de pecho y tres traviesos niños.
Ordenó a Jem y Coffee que excavaran y se aseguraran de que el hueco fuera lo suficientemente profundo como para poder recoger suavemente las patatas durante el tiempo de la cosecha. Nada perturbaba tanto el ánimo de Ira Claffey como ver esparcidas treinta y cinco fanegas en un solo montículo y ver luego cómo se arruinaban rápidamente la mitad de ellas.
Solía pensar que de tal forma se habían perdido algunas de las mejores instituciones y elementos. Una simple magulladura, falta de cuidados y devenía la podredumbre; hay un hálito de secretismo en el proceso de la putrefacción, pero sin duda se incrementa en la oscuridad; si se abre la corteza de un pino amarillento, ¿diremos acaso que es el Senado? -y si observamos visiblemente el despilfarro y olemos el hedor de las patatas, ¿qué diremos de los hombres?
Ese día, a propósito de su propia crianza, Ira llevaba un cuchillo en el cinturón. Mientras estaba meditando en su cama la noche anterior, había sido alcanzado por el rayo de la ambición: lograría que floreciera un melocotón Jorge IV sobre el purpúreo ciruelero de Duane.
Verónica aún no estaba dormida, ya que leía a su lado su Biblia a través de la pálida luz de las velas. Le contó su proyecto.
-Pero, Ira, ¿no maduran demasiado pronto en el purpúreo Duane? ¿No están esos árboles justo al lado de las magnolias?
-No, no, querida. Esos son los gajos ocres de Prince. El purpúreo Duane madura en consonancia con el Jorge IV. Te garantizo que todo estará dispuesto para la segunda semana de julio. Hablamos del décimo mes. Me encantaría poder ver esa piel. Como un arrebolada mejilla roja sobre el Jorge IV, y quizás moteada de una floración lila y ocre.
Pero ella ya no le escuchaba, estaba llorando. Él se volvió, la miró y tocó la gruesa trenza gris amarillenta que se hallaba sobre su hombro de blancos volantes. Ella sólo consideraría la opinión de Moses o Sutherland. Sordamente se preguntó de cuál de los dos.
Dándose cuenta de lo que pensaba, a pesar de que no dijera nada, ella pronunció el nombre de Suthy. "



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