El nocturno del hermano Beltrán (fragmento)Pío Baroja

El nocturno del hermano Beltrán (fragmento)

"GROBENIUS (Perorando). Mi opinión íntima es que el pueblo negro es el pueblo del porvenir. Quizá esto no se pueda decir en Europa. Hay prejuicios, hay vanidades. Yo creo que el negro sube y el blanco baja.
UN PERIODISTA SORDO (A un vecino). ¿Se trata de algo de Bolsa?
EL VECINO. No; de una cuestión étnica.
UN PERIODISTA SORDO. ¿Étnica? ¿Algo de vinos?
EL VECINO. Más bien de razas.
UN PERIODISTA SORDO. ¿Razas? ¡Ah, sí; ganadería!
EL VECINO. Ganadería humana.
GROBENIUS. Yo estoy convencido de ello. El mejor día, los negros van a dar a Europa una gran sorpresa y una gran lección. Ellos son la aurora, nosotros el crepúsculo.
LA DUQUESA DE BEAUMONT. ¿Y nos llegarán a gustar los negros?
LA SEÑORITA DE MONTMORENCY. ¡Quién sabe! Si tienen buen físico…
PETERSEN (Un diplomático danés). Moralmente, el negro deja mucho que desear.
GROBENIUS. Todo lo contrario.
PETERSEN. Yo lo he visto en el campo, en América, no muy diferente del mono.
GROBENIUS. Eso, no. Es una observación superficial. Al negro hay que verlo en África. Allí se puede apreciar la nobleza de su corazón. En sus luchas, el negro es muy noble. Pero yo tengo que marcharme, con harto sentimiento mío. (Al ama de la casa.) Querida señora marquesa…, duquesa…
El profesor Grobenius se va.
LA DUQUESA (A Beltrán). ¿Tú no has estado en África?
BELTRÁN. Sí.
LA DUQUESA. ¿Y es verdad esa bondad de los negros de que hablaba el profesor?
BELTRÁN. Yo no la he visto. Los negros del Congo están acostumbrados a venderse, a matarse, a mutilarse.
LA DUQUESA DE BEAUMONT. ¿Usted ha presenciado riñas entre ellos?
BELTRÁN. Sí. En un barco en donde yo estaba teníamos dos negros enemigos: uno era un negro kacongo y el otro un negro mussorongo.
LA DUQUESA DE BEAUMONT. ¿Y por qué eran enemigos? ¿Por alguna mujer?
BELTRÁN. No; era, al parecer, una enemistad antigua, de nación o de tribu; estaban muy vigilados. Llegamos a la desembocadura del río Congo, a cargar aceite de palma. Los dos negros, al llegar a tierra, iban desafiados. Otro marinero y yo fuimos sus testigos. El desafío era a muerte, y los testigos no debíamos intervenir en la clase de muerte que el vencedor diera al vencido. Comenzó la lucha. El kacongo tumbó al mussorongo y lo ató con una cuerda a un árbol.
LA DUQUESA DE BEAUMONT. No estuvo muy cruel.
LA DUQUESA. No. Yo pensaba que habría hecho una barbaridad.
BELTRÁN. Pues la hizo. Hay en el país unas hormigas terribles. El kacongo puso a su enemigo al lado de un hormiguero. Cuando volvimos, al segundo día, al lugar, el mussorongo había muerto comido por las hormigas. Se lo habían comido vivo. No se le distinguía la cara ni los ojos.
LA DUQUESA DE BEAUMONT. ¡Qué horror!
BELTRÁN. A los ocho días no quedaba al lado del árbol más que el esqueleto del mussorongo.
PETERSEN. Contribución al estudio de la bondad de los negros. El profesor Grobenius es un doctrinario.
LA SEÑORITA DE MONTMORENCY. El profesor sabe cortar en pedazos simétricos el pastel de crema; pero luego no se ocupa de la crema.
PETERSEN (A Beltrán, en castellano). Es la manera de ser de los alemanes. Después de comprobar los hechos, hacen teorías que no están de acuerdo con los hechos. ¿Quién va a creer en esa aurora social que van a traer los negros?
BELTRÁN. ¿Usted no cree en esa aurora social de color oscuro?
PETERSEN. Yo, no; ni en la traída por los blancos ni en la traída por los negros.
RIBERA (Un diplomático sudamericano). ¿Pero e que usté no cree entonse en el progreso, señó?
PETERSEN. Poco; progreso científico, lo hay; el otro es el que no se ve.
RIBERA. Hay la democrasia.
PETERSEN. ¡Bah! ¡La democracia! Eso no es nada. "



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