Los convocados (fragmento)Arthur Koestler

Los convocados (fragmento)

"Su disertación aparecía salpicada de observaciones similares en las que se parodiaba a sí mismo, pero no cabía duda de que su odio hacia «el Sistema» —la civilización occidental en todos sus aspectos— era sincero y obsesivo. Era necesario destruir el sistema para poder liberar a la sociedad, y el sistema sólo podía destruirse mediante una guerra de guerrillas total. Una guerra de guerrillas total no exigía armas nucleares. Su finalidad era la desintegración de todo el tejido social, fibra por fibra, hasta que las calles dejaran de constituir una seguridad para los peatones que siguieran vistiendo la indumentaria convencional del sistema, hasta que la gente no se atreviera a girar la llave de encendido de sus coches por temor a que ello pudiera provocar el estallido de una bomba de plástico; hasta que nadie se atreviera a subir a bordo de un avión, porque no supiera si alcanzaría su destino o el destino que fuera. Las secretarias de las grandes empresas industriales se negarían a utilizar las máquinas de escribir por temor a caer en una trampa explosiva; los acaudalados habitantes de las zonas residenciales de las ciudades no se atreverían a enviar a sus hijos a la escuela por temor a que éstos fueran tomados como rehenes. Las escuelas tendrían que cerrar de todos modos las puertas porque los preceptores que intentaran enseñar observarían que «se les reían en su misma cara, les propinaban puñetazos en la nariz y los desnudaban à poil para curarlos de sus fobias púbicas». Los llamados crímenes violentos ascenderían en curvas más empinadas que las producidas por un cohete, no sólo los delitos engendrados por el mismo sistema, como el robo, sino la violencia ritualizada por sí misma, l'art pour l'art. Las autoridades se verían incapaces de contrarrestarlo porque no se puede coser y remendar una tela podrida que se está desintegrando en su totalidad. Cuando la policía persigue a un criminal busca ante todo un motivo; sin embargo, no puede perseguirse a unos asesinos que actúan sin motivo, sin resentimiento personal contra la víctima que no es más que un símbolo del sistema; no una persona, sino una cosa...
«Mes amis, ustedes olvidan siempre lo extraordinariamente asombroso que resulta que puedan ustedes caminar por una calle oscura y cruzarse con una persona que podría golpearles la cabeza con un bastón para divertirse y a la que nunca se podría descubrir. ¿Por qué no lo hace? Porque está apresada por la tela social, un tejido muy espeso, un sistema basado en un acuerdo tácito, un contrat social implícito que garantiza la seguridad de Jean cuando se cruza con Jacques en una calle oscura. No es la policía quien le protege sino el tejido, el contrato tácito porque, sin él, todos los Jacques y Jeans necesitarían un guardaespaldas. Por consiguiente, cuando la tela del sistema se desintegre y quede hecha jirones, se desintegrará con ella la seguridad, y la ley y el orden se convertirán en un idílico recuerdo del pasado. El objetivo de la guerra total de guerrillas, chers amis, es completar esta desintegración del tejido que ya está bastante avanzada...»
Cuando terminó —bruscamente, con una frase sin terminar, como si de repente se hubiera hastiado y no hubiera visto la utilidad de proseguir— se produjo un embarazoso silencio. A Niko le sorprendió comprobar que sus duros convocados aún eran capaces de experimentar turbación. Miró en actitud invitadora a varios de los participantes, pero parecía que nadie mostrara deseos de hablar; incluso Bruno se limitó a encogerse de hombros, dando a entender en silencio que se lavaba las manos. Al final, sir Evelyn, que en el transcurso de la disertación de Petitjacques había fingido estar haciendo la siesta de la tarde, con las manos cruzadas sobre su abultado vientre, empezó a despertarse. "



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