Los siete pecados capitales del pequeño burgués (fragmento)Bertolt Brecht

Los siete pecados capitales del pequeño burgués (fragmento)

"Un sórdido cabaretucho; Ana II entra en escena, acogida por el aplauso de cuatro o cinco clientes: todos con cara siniestra; la empavorecen. Su traje es común y corriente, pero baila con gran aplicación y esmero: da lo mejor de sí misma sin lograr éxito. Los clientes mueren de aburrimiento, bostezan como cocodrilos (de sus máscaras asoman enormes hocicos con dientes horrorosos); arrojan sobre la escena diversos objetos y hasta apagan de un balazo la única lámpara. Ana II sigue bailando, poseída de su arte, hasta que el patrón llega a buscarla, la hace bajar de la escena y manda a otra bailarina; una vieja prostituta gorda, que enseña a Ana cómo deben ganarse los aplausos en este lugar. La prostituta baila en forma grosera e indecente, con éxito notable. Ana rehúsa hacer lo mismo. Pero Ana I, a un lado de la escena, la única en aplaudirla, llora en vista del poco éxito obtenido; esto la compele a bailar como piden. Le arranca la falda demasiado larga que avienta a la escena, donde la prostituta le enseña el arte de la danza, mostrando cada vez más al subirse la enagua, con aplauso del público. Al final, Ana I acompaña a su hermana, deprimida, hasta el tablerito y la consuela.
Las dos hermanas: En cuanto quedamos provistas con lencería, vestidos, medias y sombreros, hallamos un empleo como bailarina de cabaret en Menfis, segunda ciudad del viaje. Ah, bien duro para Ana. Los vestidos y sombreros envanecen a las muchachas, cuando la tigresa se mira en el agua al beber, se vuelve peligrosa de inmediato. Quiso ser artista, hacer arte en el cabaret de Menfis, segunda ciudad del viaje. Pero eso no quería tal gente, lo que quiere tal gente no es eso. Tal gente paga y pretende que le exhiban por su dinero y quien, púdica, vela su nalga y sonroja, no debe contar con su aplauso. A mi hermana dije: «El orgullo sienta bien a los ricos, haz cuanto te pidan, no lo que quieres que pidan.» Muchas veces por la noche, a duras penas aplacaba su orgullo, la metía en su lecho, la consolaba y le decía: «Sueña con nuestra casa de Luisiana.»
La familia: Dios ilumine a nuestros hijos para que hallen la ruta que al bienestar conduce. Triunfar sobre sí mismo implica recompensa. No, esto no marcha bien. Con el dinero que envían no es posible construir ninguna casa. ¡Se comen cuánto ganan! Habrá que reprenderlas, si no, esto no marchará.
Con el dinero que envían no es posible construir ninguna casa. "



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