Memorias de dos jóvenes esposas (fragmento)Honoré de Balzac

Memorias de dos jóvenes esposas (fragmento)

"Luis de L’Estorade parece sumamente feliz por casarse con la bella Renata de Maucombe, que tal es el glorioso sobrenombre de tu amiga. Mientras tú te dispones a cosechar las alegrías de una maravillosa existencia, la de una señorita de Chaulieu en ese París donde reinarás, tu pobre cervatilla, Renata, esta hija del desierto, ha caído del Empíreo adonde nos habíamos remontado y ha venido a parar en las vulgares realidades de un destino tan sencillo como el de un gorrión. Sí, me he jurado a mí misma consolar a ese joven sin juventud, que pasó directamente a la guerra desde las faldas de su madre, y desde los goces de su casa de recreo a los hielos y trabajos de Siberia. La uniformidad de mis futuros días se verá amenizada por los humildes placeres del campo. Reproduciré el oasis del valle de Gemenos alrededor de mi casa, la cual disfrutará así de la sombra majestuosa de hermosos árboles. Tendré céspedes siempre verdes en Provenza, haré subir mi parque hasta la colina, y colocaré en el punto más elevado un lindo kiosco desde el cual quizá podrán contemplar mis ojos el brillante Mediterráneo. El naranjo, el limonero, las más ricas producciones de la botánica embellecerán ese retiro donde estoy llamada a ser madre de familia. Nos rodeará una poesía natural e indestructible. Si permanezco fiel a mis deberes, ninguna desgracia habré de temer. Mis sentimientos cristianos son compartidos por mi suegro y por el caballero de l’Estorade. ¡Ah, amiga mía! Veo la vida como uno de esos grandes caminos de Francia, dulces y unidos, que disfrutan de la sombra de los árboles eternos. No habrá dos Bonapartes en este siglo y podré conservar a mis hijos, si los tengo, educarlos y convertirlos en hombres; gozaré de la vida a través de ellos. Si tú no haces traición a tu destino —tú, que serás la esposa de algún poderoso de la tierra— los hijos de tu Renata tendrán una protectora eficaz. Adiós, pues —por lo menos para mí— a las novelas y peregrinas situaciones de que nos hacíamos protagonistas. Conozco de antemano la historia de mi vida, que se verá conmovida por los grandes acontecimientos de la dentición de los señoritos de l’Estorade, por su alimentación, por los daños que causen en mis jardines y en mi persona; tendré que bordarles gorros y ser amada y admirada por un pobre hombre, medio enfermo, en la entrada del valle de Gemenos. He ahí cuales serán mis placeres. Quizás un día la campesina vaya a vivir a Marsella durante el invierno; pero entonces no aparecerá más que en un teatro mezquino de provincias, cuyos bastidores nada ofrecen de peligrosos. No tendré nada que temer, ni siquiera esas admiraciones que pueden hacemos sentir orgullo. Nos interesaremos mucho por los gusanos de seda, para los cuales nos dedicaremos a vender hojas de morera. Conoceremos las extrañas vicisitudes de la vida provenzal y las tempestades de un hogar sin querellas posibles, pues el señor de l’Estorade anuncia su intención formal de dejarse guiar por su mujer. Tú serás, mi querida Luisa, la parte novelesca de mi existencia. Así, pues, cuéntame tus aventuras, descríbeme los bailes y las fiestas, dime cómo te vistes, las flores que coronan tus hermosos cabellos rubios, las palabras de los hombres y su modo de comportarse. Tú valdrás por dos cuando escuches, cuando bailes, cuando sientas que te aprietan la punta de los dedos. "


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